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Pocos discos de rock son tan esperados este año como el nuevo de Greta Van Fleet. Con él, la banda debe demostrar si el increíble éxito de su debut fue sólo un hype pasajero, o si están aquí para quedarse.

Ande yo caliente… Eso deben pensar los miembros de Greta Van Fleet cada vez que alguien les acusa, por enésima vez, de su extremo parecido con Led Zeppelin. Lo que resulta evidente escuchando su segundo álbum, The Battle At Garden’s Gate (Lava/Republic/Universal), que verá la luz este viernes, es que los hermanos Kiszka, Josh (voz), Jake (guitarra), Sam (bajo), y el batería Danny Wagner, no han tenido en cuenta ni una sola de esas críticas a la hora de crearlo.

En sus nuevas canciones, la voz aguda de Josh vuelve a recordar a los aullidos de Robert Plant, y los solos de guitarra de Jake, aún más extensos que los de su debut, Anthem Of The Peaceful Army (2018), parecen dirigidos por la batuta de Jimmy Page. En general, todo el álbum vuelve a estar impregnado de ese misticismo grandilocuente que caracterizaba a los autores de ‘Stairway To Heaven’. De hecho, parece que Greta Van Fleet vivan en una cápsula en la que la no ha penetrado ni una sola influencia musical posterior a 1976.

Pese a ello, su música ha conectado no sólo con miles de boomers nostálgicos, sino también con jóvenes de su edad, ya nacidos en plena era digital, lo que les ha llevado a pasar en tiempo récord de tocar en pequeños garitos a grandes recintos y festivales, o que su primer hit, ‘Highway Tune’, ya lleve más de 100 millones de reproducciones en Spotify. Un trayecto meteórico que pese a algún bache (en 2019 tuvieron que cancelar parte de su gira mundial por agotamiento de su cantante) y haber pasado prácticamente del instituto a convertirse en estrellas, no parece haberles desquiciado.

El pasado 17 de marzo, teníamos la oportunidad de contactar vía Zoom con Josh, desde su nuevo hogar en Nashville, para charlar durante unos minutos sobre su nueva obra, las comparaciones con Zeppelin, y si cree que será capaz de seguir cantando estos temas cuando tenga 60 años.

¿Cuál es el primer artista o grupo que te gustaría ver en directo cuando acabe la pandemia?
JOSH KISZKAMmm... Creo que a Florence + The Machine. Es una artista que me encanta. La he podido ver un par de veces y me gustaría repetir. Y me encantaría tocar con ella (risas)“.

¿Y cómo te imaginas que será el primer concierto que hagáis con Greta Van Fleet?
“Ahora mismo me resulta difícil de imaginar. No sé muy bien cómo será… si la gente tendrá que llevar mascarilla, o si estará todo el público en burbujas (risas). Lo que tengo muy claro es que habrá una energía bestial porque todo el mundo está deseando volver a los conciertos. Nosotros también. Será una pasada cuando podamos volver a subirnos a un escenario”.

De todos modos, The Battle At Garden’s Gate es muy épico y progresivo, con muchos medios tiempos y baladas. Casi me parece un disco más para escuchar en casa que para liarla en directo. ¿Teníais temás más rápidos que quizá no hayáis incluido?
“Sí, sí, Creo que quizá haya gente que esperase que hiciéramos algo más pop, pero eso no es algo que nos atraiga especialmente. Más bien queríamos crear una experiencia especial para quien escuchase el disco. De todos modos hay temas como ‘My Way Soon’, ‘Built By Nations’, o incluso ‘Light My Love’, que creo que animarán bastante el directo”.

¿Tenéis la sensación de ir a contracorriente? Es más ¿os motiva? Sacar un single de casi siete minutos como ‘Age Of Machine’ en la era de TikTok no sea quizá lo más conveniente desde un punto de vista comercial.
“Desde luego no queremos hacer las cosas de manera convencional, pero tampoco es que busquemos ir a la contra. Cuando componemos no nos fijamos en la duración de un tema, sino que intentamos llevar cada canción a su máximo potencial. Y si para eso es necesario que dure seis o siete minutos, pues que así sea”.

Me imagino que después del éxito del primer disco teníais un montón de opciones para escoger quién os produciría el nuevo. ¿Por qué os decantasteis por Greg Kurstin?
“Greg es un tío con una gran inteligencia musical. Necesitábamos a alguien que nos ayudase a plasmar ese sonido más cinemático. Técnicamente es muy bueno, y además es muy simpático. Nos reímos mucho con él”.

¿Te dio algún consejo o tuvo algún enfoque especial a la hora de grabar las voces?
“La verdad es que no. Tampoco es lo que buscamos en un productor. Cada uno de nosotros sabe lo que tiene que hacer. Lo más importante es que tengamos el ambiente adecuado para poder comunicarnos a través de la música, y eso es lo que Greg consiguió”.

“Hay grupos muy conocidos que literalmente copian a otros, pero no creo que sea lo que hacemos nosotros” JOSH KISZKA

A pesar de todas las críticas que recibisteis por pareceros a Led Zeppelin, tengo la sensación que habéis pasado totalmente de ellas. Una canción como ‘Broken Bells’ seguro que volverá a provocar las comparaciones.
“Al final a todos los grupos se les compara con otros. Todo el mundo hace esas conexiones, es algo que ha pasado siempre. Hay grupos muy conocidos que literalmente copian a otros, pero no creo que sea lo que hacemos nosotros. Al final tengo la voz que tengo, es mi voz (risas). Nunca hemos ocultado su influencia, pero quedarse sólo con eso, resulta un poco pobre porque hay mucho más. En cualquier caso, cuando hacemos músico no pensamos en esas cosas. Dejamos que salga lo que tenga que salir”.

Hace unas semanas, cuando The Strokes ganaron el Grammy al Mejor Disco de Rock, Julian Casablancas afirmó que “el rock and roll debería dejar de hacerse como se ha hecho antes, no necesitamos más de eso”. ¿Qué te parece? 
“¿Pero se refería al rock en general?”.

En concreto al rock derivado del blues.
“Bueno, el blues es el origen del rock. Es su ADN. Supongo que puedes intentar, e incluso conseguir, hacer rock sin blues, pero quizá ya no sería rock’n’roll. En todo caso, cada uno es libre de hacer lo que quiera. Nosotros también”.

Las circunstancias de cuando grabasteis el primer disco a éste son muy distintas, tanto como músicos como a nivel personal. ¿En qué dirías que se nota más?
“Sí, es evidente que hemos crecido en ambos aspectos, así que es imposible que no se note de alguna manera cuando creas. Pero tampoco sabía decirte en qué concretamente. Pasamos de vivir en casa de nuestros padres a hacerlos en habitaciones de hotel, estando cada día en una ciudad nueva. Y eso se convierte en tu realidad, y luego tienes que ajustarte de nuevo a tener una vida ‘normal’ ¿sabes? No es fácil, pero tampoco es tan duro”.

¿Es muy distinta la idea que tenías cuando soñabas con ser un estrella del rock con la que tienes ahora que lo eres?
“La verdad es que no tanto (risas). Obviamente el significado de ese término ha ido cambiando con el tiempo, y la manera en la que nos comportamos también. Pero en lo que se refiere a hacer música, poder viajar, tocar para la gente… Todo eso es como te lo imaginas. Quizá la parte que intuyes, pero para la que no estás del todo preparado es la parte del negocio. Te van dando contratos con páginas y páginas que firmar, y nunca estás seguro de qué va todo eso (risas). Y también hay cierta presión, claro. Supongo que son muchas cosas que asimilar, y pueden llegar a agobiarte, y eso te lleve a buscar vías de escape. Quizá por eso a lo largo de la historia hemos perdido a tantos artistas muy buenos por culpa de los excesos. Pero supongo que los artistas hemos aprendido de todo eso, y ahora somos un poco más cautos”.

Ya que hablas de presión, supongo que un momento en el que la sentiste de pleno fue cuando cancelasteis primero una gira por Australia, y luego la europea en febrero de 2019. Ahí te darías cuenta que de tu decisión dependía parar una gran maquinaria, con las consecuencias económicas que comporta. ¿Cómo lo viviste?
“A ver, al final pudimos hacer todos los conciertos unos meses más tarde, así que en ese aspecto estoy contento. Pero sí, fue un momento complicado. Básicamente estaba agotado. Cuando no paras de tocar, viajar, ir al estudio, y apenas duermes, llega un momento que tu cuerpo dice basta. Los médicos me dijeron que o paraba de todo, o corría el riesgo de dañar mi voz de manera permanente. Aunque fue duro, tomé la decisión más acertada”.

La verdad es que tu estilo vocal va muy al límite, con ese registro tan agudo. ¿Te preocupa si serás capaz de cantar estos temas cuando tengas 60 años?
(Risas) No es algo que me preocupe especialmente. Canto de manera muy natural, y aunque lo parezca, no estoy forzando. Si me cuido, no veo porque no tengo que ser capaz de hacerlo cuando sea mayor. De todos, me iré adaptando a lo que venga. Creo que fue Bono de U2 que en una entrevista habló sobre el impacto que le causó escuchar a Pavarotti de mayor. Decía que aunque no tuviera la misma voz de antes, en ella escuchaba una sabiduría y una fragilidad que la hacía muy especial. Así que que ya veremos qué pasa, pero ahora mismo no es algo en lo que piense (risas)“.

JORDI MEYA

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