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Mucho ha cambiado desde que Kings Of Leon nos fueran vendidos por la prensa, sobre todo la británica, como una especie versión sureña de The Strokes. Ya entonces me pareció que su debut, Youth & Young Manhood (2003) estaba bien, pero tampoco era merecedor de tanto hype, y aunque es indiscutible el poderío que tenían los singles ‘Sex On Fire’ y ‘Use Somebody’, que los propulsaron hasta lo más alto en 2008, nunca acabé de entender dónde residía exactamente el secreto de su éxito. Es una duda que todavía me persigue después de escuchar When You See Yourself.

En su octavo álbum, la banda insiste en ese rock entre el granero y el estadio, con canciones que podrían funcionar en el contexto del country rock o la americana, pero que se empeñan en adornar con líneas de bajo y de guitarra más indies, y una producción que evoca cómo tiene que sonar una banda que aspira a ser cabeza de cartel de Reading & Leeds. No es casualidad que hayan vuelto a llamar al productor británico Markus Dravs (Arcade Fire, Coldplay) para que se hiciera con los controles. Nadie como él para que estos leones sigan sonando domesticados.

Se da por sentado en un grupo de su envergadura, que el disco suena realmente bien y está bien ejecutado, pero la pregunta es ¿para qué?, y es más, ¿para quién? ¿Quiénes son los fans de Kings Of Leon? ¿Quién puede escuchar temas como ‘A Wave’ y ‘Supermarket’ y pensar ‘joder, qué buenos que son’?

Alguien dirá que esta sucesión de medios tiempos espaciosos te sitúan en un estado de relax de lo más agradable, y algo de eso hay. La voz de Caleb Followill, con esa energía tranquila de quien ya lo tiene todo hecho, puede resultar reconfortante, pero también soporífera. Y que conste que no es una cuestión de decibelios o distorsión, sino de sentir que las canciones salen de las tripas.

Pequeños destellos como ‘The Bandit’, ‘Golden Restless Age’ o ‘Echoing’ te animan a pensar que todavía les queda algo de sangre en las venas, aunque por desgracia el nivel de horchata es bastante superior al del whisky de su Tennessee natal. Y creo que la prueba de fuego estará en que cuando sea que puedan volver a girar, el público aprovechará cada vez que suene un tema nuevo para ir al lavabo o hacer cola en la barra, mientras sigue suavemente el ritmo con el pie desde la distancia.

De aquí al futuro When You See Yourself debería servir como máximo exponente cuando alguien quiera usar la expresión ‘disco de madurez’… en el sentido peyorativo del término, claro.

MARC LÓPEZ 

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