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Cuando llegó a mis manos el CD promocional de Gap Var Ginnunga, el primer episodio de la trilogía Runaljod, poco podía imaginar el reconocimiento que alcanzarían Einar Selvik y sus Wardruna unos años después. De hecho, el principal reclamo de ese disco residía en la figura de Gaahl, el antiguo compañero de Selvik en Gorgoroth que aquí le ayudaba a las voces junto a Lindy Fay Hella.

En 2007 Wardruna ya habían llamado la atención poniendo la banda sonora al renombrado documental True Norwegian Black Metal de Peter Beste y Vice Films, y aunque su insólita propuesta de folk escandinavo, ambient y world music podía emocionar a cualquier persona atraída por la música de raíces, aquel producto parecía ‘condenado’ al minoritario público del black metal que, a fin de cuentas, sigue siendo el principal interesado en la darkwave, el neofolk, el dungeon synth y aquellas formulaciones más espirituales y etéreas.

En 2013 publicarían Yggdrasil, la obra que cuatro años después de su debut le daría a Selvik la suficiente confianza para aspirar a todo. Wardruna parecían estar en el lugar y el momento adecuado, porque poco después le ofrecerían musicar un episodio de Vikings, la exitosa serie, donde incluso realizaría un cameo.

Ya sin Gaahl, que abandonó el proyecto de forma amistosa, la banda noruega daría el salto definitivo con Ragnarok, la conclusión de esta trilogía inicial que, aupada en parte por Vikings, alcanzaría nada más salir a la venta el primer puesto del Billboard’s World Albums.

Skald, su desnudo cuarto trabajo, es para mí su único paso en falso. Su formato acústico dio como resultado un álbum reiterativo y tedioso, aunque éste no frenó un ascenso imparable que les condujo en 2019 a fichar por Sony Music/Columbia Records. Kvitravn, su cuervo blanco, debía salir en junio de 2020, pero la pandemia lo ha retrasado hasta ahora, cuando las expectativas están por las nubes y nos encontramos ante un grupo traspasando las puertas del mainstream, inmerso incluso en el súper lucrativo universo de los videojuegos gracias a Assassin’s Creed Valhalla.

Ah, el mainstream, el territorio vedado de los puristas… ¿Ha afectado esta circunstancia al quinto disco de Wardruna? Más allá de una esperable ampliación de presupuesto y recursos, lo cierto es que no. La oscuridad de sus dos primeros álbumes, en parte necesaria dada su temática, hace ya tiempo que quedó atrás, y pese al arranque simplemente resultón de ‘Synkverv’, pronto nos damos cuenta de que nuestro pequeño genio nórdico sigue en forma en la cinemática ‘Kvitravn’.

En ‘Skugge’ y ‘Grá’ despliegan la excitante profundidad de su percusión, pero aunque sus crescendos son notables, tampoco consiguen emocionarnos en exceso. Llegados a este punto, merece la pena prestar atención a la riqueza vocal que este álbum presenta en todo su recorrido, o resaltar un corte como ‘Fylgjutal’, cuyos ritmos y patrones todavía no los habíamos escuchado nunca en ellos. Este corte es una auténtica sorpresa.

‘Munin’ nos apela al corazón, parece ser un tránsito entre esta era y la de los antiguos ancestros, pero me sigue faltando algo, un plus conmovedor que la eleve completamente. Mismo caso que ‘Kvit Hjort’, o ‘Ni’, que tampoco acaba de despegar por mucho que prometa. Con algunas excepciones como ‘Vindavlarljod’ o los más de 10 minutos de ‘Andvevarljod’, estamos delante de canciones de impecable ejecución, tan identificables como siempre, pero que no logran alcanzarte el alma en su totalidad.

Kvitravn no ha conseguido causarme la conmoción de sus primeros trabajos, aunque Wardruna han vuelto a demostrar ser una fuerza pagana mil veces imitada, aunque nunca igualada y ya no digamos superada.

PAU NAVARRA

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