Everybody has to pay and pay”, cantaba Lou Reed. Un axioma de la marginalidad, para aquellos quienes deciden vivir en el lado salvaje.

Si optas por un estilo de vida fuera de los márgenes de lo establecido, obtendrás tesoros en forma de experiencias únicas, intransferibles, gozarás placeres que te harán sentir un dios poseedor de un conocimiento superior. Luego vendrá la cuenta a pagar, en forma de rechazo social – obvio si fuiste el primero en rechazar lo establecido- enfermedad, soledad y muerte. Así dejó dicho Lou, víctima de electrochoques con los que sus padres pretendían curar su homosexualidad.

Los espacios sociales, al margen de la normalidad y lo estándar, existen desde la antigüedad. Vagabundos, sodomitas, luciferinos, vagos. Las Cortes de Burgos de 1379, estando en el trono Juan I de Castilla, los describió como “muchos omes e mugeres baldíos pediendo e en otras maneras e non quieren trabajar ni deprender ofyçios”.

Transgredir es una facultad solo al alcance de la especie humana. Las criptoculturas son refugio de mentes inquietas, donde los requisitos para ser aceptados, para sentir un porqué de la existencia, están fuera de los moldes de la llamada normalidad. Transgresión sónica para paranormales hay como las del nuevo trabajo de God Body Disconnects, The Depths of Finality.

Hay también quienes nacen marcados por una minusvalia física , supervivientes de un entorno hecho por y para otros, al que asoman con una mirada de soslayo, sabiendo que su mayor reto es superar la compasión, propia y de extraños, para edificar una vida que parte de una experiencia incomprensible para los que no sufren de los hándicaps físicos con los que nacieron.

En algo marginados de toda especie y origen coinciden, sus estereotipos no son de este mundo, más bien no son. Edifican, con libertad, lo que se requiere desde su condición o deseos.

Pero hoy, en septiembre de 2020, la máquina voraz quiere meterles en el sistema. No hay minorías, hay candidatos a súper héroes de anuncio. Playboy Alemania esta semana puso en portada una atleta paraolímpica. Lo que muchos interpretan como visibilidad de las minorías no es más que la enajenación de los pocos que quedan al margen de los estereotipos del mercado y su motor competitivo. El barrido de la sociedad que realiza el capital, por no excluir a nadie del grueso de consumidores, es tal que hace años, Walmart, el mayor empleador a nivel mundial, tienen en sus estamentos, cubrir porcentajes entre sus empleados de distintas minorías, desde gays hasta algunas minusvalías. Se vuelve un verdadero quebradero de cabeza para el personal de recursos humanos cumplir con los cupos.

La publicidad es un fenómeno agresivo, dispuesto para recordarnos, o inventarse, lo que nos hace falta y no tenemos. Su lenguaje oculto nos enfrenta a carencias, o nos señala errores, con una mecánica inversa, es decir, mostrando modelos de vida a los que debemos optar. No vale con ser mujer, debes ser plena, satisfecha, concienciada, perfecta en valores y hechos. ¿Minusvalido?, claro, hay un sitio para ti en la nueva visibilidad de las minorías, en la motivacional y mas justa sociedad de hoy. Pero no olvides que puedes hacer obras de arte o ganar medallas olímpicas, olvídate de tan solo existir. Minoría étnica sí pero con logros propios de Iron Man, superación personal constante.

Justo antes que Covid irrumpiese, la ideología publicitaria nos había puesto a competir contra el más cruel rival, nosotros mismos. Surgieron intrusos en nuestra intimidad, unos tipos con el explicativo nombre de coachs, entrenadores para superarnos en todos los ámbitos de nuestra vida, laboral y personal.

Lógicamente este bombardeo de lo que podemos, supuestamente, llegar a ser, aumenta la insatisfacción general  y nos sumerge en el idealismo del que, al menos, se podía escapar en el ámbito de lo marginal.

En los primeros síntomas humanos de religiosidad imperaba el politeísmo. Hace 70 mil años había una multiplicidad de dioses, eran metáforas de grandezas y bajezas humanas. Las primeras deidades eran imperfectas y hermafroditas, tenían vicios y virtudes. Hasta que llegaron los monoteísmos y sus interpretaciones morales del ser humano. Hoy, tras décadas de tolerancia del otro, tras dos guerras mundiales que habían dejado patente el peligro de las ideologías, estamos de nuevo en el adoctrinamiento de la supuesta corrección frente al equivocado, una nueva fe que como el cristianismo anti pagano, no olvida al marginado, todos al redil.

Decía el antropólogo británico de origen polaco, Kasper Malinowski, que el principio social de las sociedades primitivas y modernas es que las personas se adaptan a las normas sociales para cumplir las expectativas sociales, porque saben que ésta es la única manera de hacer que las otras personas se adecuen a las expectativas de uno. Así que si alguien pretende quedar al margen, optando por una vida con valores propios, ha de tener cuidado, no sea ya el protagonista de la nueva campaña de una marca de refrescos.

 

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