Tras el extraordinario resultado que dio el álbum colaborativo entre Oranssi Pazuzu y Dark Buddha Rising bajo la bandera de Waste Of Space Orchestra, un año y poco después nos embiste otro que debería despertar la misma excitación.

No me colgaré el moco afirmando que seguía de cerca la andadura de Aerial Ruin, el proyecto de Erik Moggridge, pero sí en cambio considero que siempre deberían pararse las rotativas ante cualquier nuevo lanzamiento que incluya a Bell Witch en la ecuación. Stygian Bough Volume I es el primer disco, que no primer contacto, entre el dúo funeral doom y el artista de folk oscuro, y los frutos son altamente notorios pese a algún ligerísimo reproche.

Una tonada acústica y melancólica te abre las puertas de ‘The Bastard Wind’, una holgada bienvenida de más de 19 minutos que podríamos catalogar de excelente… aunque predecible. Tras esa estampa bucólica-pastoril, ¿de verdad ningún fan de Bell Witch esperaba un estallido funeral, o esa progresión in crescendo final tan suya que la concluye?

Y de igual manera, pese a todo lo familiarizado que puedas estar con el estilo compositivo de los de Seattle, ¿cómo oponerse a que nuestro corazón reciba una bendición tan conmovedora? ¿Cómo ponerse de culo ante su indiscutible talento? No seré yo el que le niegue al propio cuerpo alcanzar el éxtasis. Es una cuestión de hedonismo, tan simple como eso.

La naturaleza contemplativa de esta obra se destapa del todo con otra extensa canción como ‘Heaven Torn Low I (The Passage)’, con Moggridge dejando claro que él va a llevar la voz cantante ante el micro, aunque para nada desentone dada la idiosincrasia espiritual de Stygian Bough.

Regresan las guitarras duras y el sentimiento lento, deliciosamente lento, en ‘Heaven Torn Low II (The Toll)’, pero otra pequeña duda me asalta: ¿De la unión de estos tres cerebros no podría haber salido un universo mucho más propio? Porque aunque lo esté gozando infinitamente, considero que en este trabajo se notan demasiado los dos mundos en los que normalmente habitan los proyectos madre, casi pudiendo identificar a un grupo concreto con cada corte.

Me encantan los sutiles teclados y órganos con los que el batería Jesse Shreibman realza ‘Prelude’, por ejemplo, y es que, posiblemente, todo lo argumentado quede en papel mojado en cuanto te fulmina el contacto con las divinidades de la vida y la muerte que han ungido ‘The Unbodied Air’. Una experiencia religiosa, sólo que esta homilía no se nutre de paparruchas y el diálogo con seres celestiales es real.

Uno de los álbumes de la temporada. Profound Lore y Bell Witch tenían que ser… No pienso perdonarles si, tal como han dejado entrever, estos dos combos no vuelven a trabajar juntos en un futuro e incluso van más allá de lo ofrecido aquí.

PAU NAVARRA

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