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Toda sociedad necesita una colección de espejos. Debe poder mirarse a través del teatro, el cine, la literatura, la música, las artes plásticas, en fin, de todas sus expresiones artísticas. Debe encontrarse también en las inquietudes que exploren sus filósofos y humanistas, en los misterios que descifren sus científicos, en las tendencias que persigan los economistas y, sobre todo, debe encontrarse cada mañana en las historias que documente la prensa nacional. Puerto Rico cuenta con este necesario espejo social que es el periodismo desde principios del siglo XIX, cuando nace, en 1807, La Gaceta Oficial de Puerto Rico.

Poco más de cien años después, en 1909, florecía en la isla el periodismo regional y fue fundado, en el sur, El Día de Ponce, conocido como el diario de los poetas por las plumas que en él publicaban (Nemesio Canales aportó allí sus famosos Paliques, por ejemplo). Con el paso del tiempo, pasaría a llamarse El Día, y décadas más tarde, en 1945, un grupo de empresarios del sur, entre los que destacaba un joven Luis A. Ferré, adquiriría el periódico y cambiaría su historia para siempre.

El diario regional se publicó con éxito e incomodó a más de un gobierno a lo largo de las décadas siguientes. Sin embargo, la economía ponceña no lograba recuperarse, en los años 60, de la centralización de la actividad económica del país en la capital, luego de la Segunda Guerra Mundial. Había que crecer o dejar morir el proyecto.

Aquel empresario que incorporó su amor por las humanidades a las páginas del periódico puso en manos de su hijo, Antonio Luis Ferré, la misión de llevar el diario a todo el país. Iniciaba el 1970 y don Luis A. Ferré se había convertido, dos años antes –en 1968–, en el gobernador de Puerto Rico. Su hijo asumió el reto y materializó el sueño que dibujó, a los 12 años, en un viejo boceto: un periódico que se llamase El Nuevo Día y cuyo nombre emergiera frente a un sol naciente. Fue así como, el 18 de mayo de 1970, se imprimió el primer ejemplar de El Nuevo Día.

El nuevo medio de comunicación tendría como objetivo atemperarse a los tiempos modernos. En su primer editorial, Antonio Luis Ferré afirmó: “Queremos ser una manifestación del nuevo Puerto Rico”. La sociedad puertorriqueña había cambiado tras la revolución social y política que representó la implementación del Estado Libre Asociado. Aunque había muchos problemas que atender, ya no era el país en extrema pobreza de la primera mitad del siglo XX, eran tiempos en que la industrialización, los nuevos modelos de vivienda y consumo, y el advenimiento de una reforzada identidad nacional habían transformado a la ciudadanía. Era necesario un nuevo espejo.

En los medios, estos cambios se manifestarían en el llamado imperio de la imagen, y El Nuevo Día, consciente de esta realidad, se ocuparía de que las fotografías, así como las ilustraciones, caricaturas y todos los aspectos gráficos del periódico respondieran al nuevo escenario. Sería un diario arrevistado y distinto, integraría, además de las llamadas hard news, toda una selección de noticias deportivas, artísticas, de bienestar y de espectáculos para satisfacer la diversidad de intereses de los lectores.

Apenas un par de meses después de su lanzamiento, esta propuesta fue puesta a prueba exitosamente. El 13 de julio de 1970, El Nuevo Día amaneció con el rostro de Marisol Malaret en su portada, coronada como la nueva Miss Universo y con el titular “¡La más bella!”. Esta edición, así como las consecutivas ediciones especiales, romperían récords de ventas y catapultarían a El Nuevo Día como un diario de amplia circulación en el país. Periodistas y editores de otros medios de la época han observado que esa decisión demostró que eran tiempos en los que no solo era suficiente ofrecer información al público, había que sentir con el público, vivir la historia con el país al ras del suelo. A su vez, sería importante, en el futuro, no restarles valor a las llamadas soft news, pues en ellas muchas veces se encuentra la médula del sentir político y social de la ciudadanía en torno a temas tan complejos como la identidad, como sucedió en este caso.

En 1972, el medio alcanzó los 100,000 ejemplares y continuó apostando a la imagen y a un acercamiento amplio al concepto “noticia”. Coberturas como la trágica muerte de Roberto Clemente, los asesinatos en el Cerro Maravilla, la caída mortal de Karl Wallenda, el sepelio de Luis Muñoz Marín, la visita del papa Juan Pablo II, el desastre de Mameyes y el incendio del Dupont Plaza serían algunas de las noticias que el país viviría en las páginas del diario las siguientes décadas.

Durante la década de los 80, El Nuevo Día comenzó a trabajar sus hoy esperadas encuestas, consciente de la importancia no solo de relatar la noticia, sino de servir como espacio para analizar la realidad del país. También, en esta década, solidificó su aspecto industrial, al expandir sus operaciones a modernas instalaciones en la zona de Buchanan. Ya en la década de los 90, un periodo en el que Puerto Rico soñaba en grande con olimpiadas y regatas, alcanzó la cifra de 50,000 ejemplares impresos por hora y se consolidó como el principal medio del país.

Historias como la sequía, la nominación al Oscar del filme de Jacobo Morales Lo que le pasó a Santiago, la muerte del mítico prófugo Toño Bicicleta, la explosión en la tienda Humberto Vidal, en Río Piedras, los escándalos de corrupción en el gobierno de Pedro Rosselló, la eliminación de la Sección 936, la venta de la Telefónica, el huracán Georges y la trágica muerte de David Sanes, que revitalizó como nunca antes la lucha en contra de la presencia de la Marina de Guerra estadounidense en Vieques, marcarían la época.

El interés por innovar y por mantener al medio como el espejo del Puerto Rico actual se tradujo en su temprana exploración del mundo digital en los años 90.Tan temprano como en 1993, se creó una primera versión de lo que sería endi.com, plataforma que se lanzaría en 1996 y que ya desde 1998, con la cobertura del huracán Georges, daría cátedra de los nuevos modos de llevar la noticia, al publicar en su plataforma una cobertura en directo del evento.

El internet y posteriormente las redes sociales, durante los primeros años del siglo XXI, obligarían al medio a redefinir su cultura de trabajo y a operar como mucho más que un periódico, sino como un medio de múltiples y diversas plataformas de comunicación.



En el inicio de la década del 2000, todos esperaban el Y2K que nunca llegó, y El Nuevo Día transformaba su imagen. Atrás quedó el eslogan “un gran periódico”, para dar paso a “conocer es crecer”, una idea mucho más afín con el interés de servir al país como un punto de encuentro, no solo para sus historias, sino para sus saberes y, a su vez, para defenderlos y potenciarlos. Muestra de ello fue el reconocimiento que obtuvo, en el 2004, en España, al ganar el Premio José Ortega y Gasset por su defensa del español.

El país vivió minuto a minuto, en las distintas plataformas de El Nuevo Día, eventos noticiosos, como el ataque terrorista a las Torres Gemelas, la elección de Barack Obama, el asesinato de Filiberto Ojeda Ríos o la designación de Sonia Sotomayor a la Corte Suprema de los Estados Unidos. A su vez, el medio no dejó de cubrir las historias humanas, grandes y pequeñas, que fueron dibujando la profunda crisis económica en la que quedaría sumergida la isla a partir del 2006 y que tendrían como punto de inflexión la quiebra del país, 10 años más tarde.

Durante la década del 2010, la expansión digital de El Nuevo Día le llevaría a convertirse en el principal medio web del país, con una audiencia de 5.2 millones de usuarios únicos al mes que se conectan, tanto desde la isla como desde cualquier parte del mundo, con particular énfasis en las comunidades de la diáspora en Estados Unidos. El terremoto en Haití, la huelga en la Universidad de Puerto Rico, la visita a Puerto Rico del presidente Obama, el triunfo olímpico de Mónica Puig, el éxito de Lin-Manuel Miranda, la ola de migración masiva, la elección de Donald Trump, el paso de los huracanes Irma y María, y la renuncia forzada de Ricardo Rosselló tras semanas de protestas fueron algunas de las historias más dramáticas que El Nuevo Día vivió con el público.

Y hoy, en el inicio de los nuevos años 20, Puerto Rico se estremeció hasta sus cimientos con una serie de terremotos con epicentro en el sur que trastocaron la recién recuperada cotidianidad en el país a principios de este 2020. Solo para que, apenas un mes después, el mundo entero se paralizara ante la pandemia de COVID-19 y la crisis de proporciones globales que ha desatado esta nueva realidad. En este contexto, El Nuevo Día conmemora su cincuenta aniversario y no podría ser de otra manera: celebra, sí, perolo hace trabajando día a día para armar ese espejo social que todo país necesita.



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