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«Buen punto final a Sitges 2019».

Así despaché a ‘¿Por qué no te mueres?’ en su paso por el pasado Festival de Sitges. Era el último día, y me pillo a bordo del AVE de vuelta a Madrid, con el habitual déficit de sueño y cansancio acumulado de diez días de perreo. No sé cuantas películas había visto ya, en lo que con el tiempo se convierte en un puré llamado Sitges del que uno acaba por olvidar el nombre de la mayoría de sus ingredientes, apenas ha echado una cabezada en condiciones de salubridad razonables también para el Gobierno.

De -como la conocimos por ahí- ‘Why don’t you just die!’ me he olvidado lo justo: No es una película que uno tenga siempre presente en su día a día o se vaya a llevar consigo a la tumba, como ocurre con las muy buenas o muy malas, pero sí una que le resulta fácilmente ubicable en cuanto la vida te la pone por delante. Aunque sea ahora con su título en español, en lo que de no haber sido rusa y haber estado protagonizada por un Daniel Radcliffe perfectamente podría ser otra ‘Guns Akimbo’ .

Y seguiría siendo un buen punto final a Sitges 2019.

Como sabrán muchos ya a estas alturas de la vida, el bien como concepto dentro de un entorno como el de un festival de género puede ser harto esquivo y bastante relativo. Hay a quien le basta una cabeza explotando para justificar 90 minutos de película, como si ‘Scanners’ fuera sólo eso. No es el caso de ‘¿Por qué no te mueres?’, si bien al debutante Kirill Sokolov le falta madurez o amor propio para que podamos considerar su ópera prima como algo más que carne de cañón festivalera.

Principalmente, porque como un estudiante de primer año mitómano tira de referentes que no hace suyos. Sergio Leone, Sam Peckinpah, Sam Raimi, Sion Sono, Guy Ritchie, Quentin Tarantino, Edward Wright… es facilísimo reconocer las múltiples influencias de este violentísimo relato de base genuinamente teatral desarrollado a golpe de ecos, homenajes y/o plagios. O cuando el argumento está supeditado a lo que más que una película, acaba siendo una efectista suma de escenas.

Pero a esto venimos, y esperamos seguir viniendo a Sitges también en 2020.

A divertirnos con una escasez de prejuicios, a veces de forma alarmante o preocupante, y en otras ocasiones, como con ‘¿Por qué no te mueres?’ o la mencionada ‘Guns Akimbo’, de forma harto juguetona, honesta y no necesariamente culpable. La comedia más negra, el spaguetti western o el cine neo-noir se entrelazan en una ópera prima que brilla en su furia adolescente y por su irregularidad explosiva, tan propias de los que se criaron con la MTV de fondo y decían alquilar los mismos VHS que Tarantino.

Todo ello aderezado con un exótico sabor ruso y un aprovechamiento máximo de los recursos visuales que a un servidor le recuerda vagamente al ‘Delicatessen’ de Jeunet & Caro, por cuanto ambas regularizan la violencia y están a merced de una técnica tan notable como narrativamente inestable. Tan limitadas como películas como a su vez ilimitadas como logradísimo ejemplo de lo que podría ser el opio para el pueblo en los términos que se manejan dentro de un entorno como el de Sitges.

Allí, donde ‘Scanners’ puede ser sólo una cabeza explotando.

Por Juan Pairet Iglesias

@Wanchopex

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