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En el último mes y medio, la vida en Puerto Rico se ha transformado por completo. Con calles vacías y negocios cerrados, niños sin más opción que intentar estudiar desde la casa y adultos desesperados por la falta de ingresos, las medidas implementadas para el control de la pandemia por el novel coronavirus que se detectó por primera vez en diciembre pasado ya han impactado todos los aspectos de la vida diaria.

El lunes se cumplen 50 días del toque de queda y cierre parcial de comercios decretado por la gobernadora Wanda Vázquez Garced. Desde ese 15 de marzo, cinco casos confirmados de COVID-19 se han convertido en 1,757. La infección ha cobrado 95 vidas, pero casi dos meses después que se confirmaron los primeros casos sospechosos de coronavirus en la isla, los hospitales no están llenos.

“Hemos tenido muchos avances”, señaló el presidente del Colegio de Médicos Cirujanos, Víctor Ramos.

“Estamos en un momento en que, aunque todavía estamos admitiendo personas en el hospital y estamos entubando (pacientes en cuidados intensivos), son menos. Eso sí, estos pacientes van a estar dos, tres o cuatro semanas en el hospital. Esto no se va a acabar pronto”, sostuvo Ramos.

Desde una semana después de que se confirmaran los primeros casos sospechosos de COVID-19 en la isla, la población entera del país ha vivido bajo un encierro casi total, según el cual solo ciertos empleados identificados como esenciales pueden salir a la calle a trabajar y el resto solamente sale a realizar gestiones necesarias, como adquirir alimentos o procurar cuidados médicos.

Los reclamos por el bajo número de pruebas diagnósticas que se han realizado en la isla se han mantenido durante toda la emergencia, más aún luego que se revelara la disposición del gobierno para adquirir pruebas a sobreprecio a empresas sin experiencia previa en el sector de equipos médicos.

Pero de acuerdo con los datos disponibles, el aumento en casos en Puerto Rico no ha sido tan vertiginoso como en otros países. Desde el 15 de marzo, los casos en Estados Unidos han aumentado de 2,234 a 1,092,815, de acuerdo a cifras de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

“Lo hemos hecho bien, el pueblo ha respondido bien”, destacó Ramos.

Los habitantes de Puerto Rico están bajo uno de los encierros más extensos que hayan estado en vigor.

De acuerdo con los datos publicados por la empresa Google, los viajes de los habitantes de la isla se han reducido, en promedio, un 68% desde que se decretó el toque de queda hasta el 17 de abril. En ese mismo periodo, las visitas a los supermercados han disminuido un 37.6% y a los lugares de trabajo se han reducido en un 56.3%. Mientras, las estadías en lugares residenciales han aumentado en un 26% en comparación con las semanas antes de la emergencia.

El período de menos movimiento fue durante la Semana Santa, cuando la administración de Vázquez Garced impuso mayores restricciones a la operación de establecimientos, según los datos que la empresa tecnológica recoge de forma anónima de los teléfonos celulares de las personas.

Países que decretaron sus toques de queda antes que la isla, como Italia (9 de marzo) o España (14 de marzo) ya han establecido planes concretos para, poco a poco, permitir más salidas a espacios públicos y reabrir algunos sectores económicos no esenciales bajo la emergencia. Pero estas medidas se tomaron luego que se reportó un nivel de transmisión descontrolado en cada jurisdicción.

Ayuda directa

El secretario de Salud, Lorenzo González Feliciano, ha proyectado que el pico de los contagios con coronavirus se reportará durante la primera semana de mayo. La cifra de casos confirmados, no obstante, será muy por debajo de los cientos de miles que se habrían reportado de no haberse implementado las medidas de distanciamiento social, de acuerdo con los estimados del “task force” médico creado por la gobernadora para manejar la pandemia.

Se pudiera concluir que el toque de queda ha sido efectivo desde el punto de vista salubrista, aun con la limitación de datos existentes, mas no así desde el punto de vista económico, apuntó el presidente de la Asociación de Economistas, Heriberto Martínez.

El economista sostuvo que en un país en el cual el 39.7% de las familias vivían bajo el nivel de pobreza federal para el 2018, según datos del Negociado del Censo, era crucial establecer medidas que permitieran cubrir sus necesidades básicas desde el primer día.

“Lo más importante que debemos aprender como sociedad, como conjunto, es que cuando vayamos a entrar en un proceso de cuarentena o procesos donde vamos a hacer un detente de todo el proceso productivo de la economía, el gobierno debe tener un plan económico de choque”, sostuvo Martínez.

Por ejemplo, el economista señaló que el gobierno central pudo haber distribuido a las familias la mitad de los $787 millones que la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) autorizó para atender la pandemia. La otra mitad se pudo haber utilizado para crear incentivos para las pequeñas y medianas empresas, que actualmente están en precario a causa del cierre.

Para atender la emergencia, el gobierno central sí distribuyó $1 millón a los municipios.

Estos fondos han ayudado para la adquisición de mascarillas, guantes, desinfectantes y alcohol, entre otro equipo de protección para empleados y para repartir entre los ciudadanos, detalló el alcalde de Sabana Grande, Noel Matías Borelli.

La paralización llegó dos meses después de que fuertes terremotos sacudieran el país entero, pero afectaron con más saña los municipios del suroeste. La reconstrucción se paralizó. Carpas que se habían instalado en parques para albergar escuelas se quedaron sin usar.

“Todo se quedó paralizado. (La gente) no ha podido resolver en sus casas. Las ferreterías cerraron, no tienen dónde comprar los materiales de construcción. Seguimos arrastrando problemas desde el huracán María”, sostuvo Matías Borelli.

Martínez, por su parte, argumentó que todo esto ha causado que Puerto Rico esté “en el peor de los momentos”, con personas pasando hambre mientras alimentos se pierden en almacenes o en las fincas, a la vez que el gobierno es incapaz de desembolsar las ayudas prometidas.

“Por esto el tema del hambre es un tema central en el debate público hoy”, indicó.

Puerto Rico no es un caso anómalo, pues el COVID-19 ha golpeado la economía global. El jueves, el Banco Central Europeo discutía los posibles estímulos económicos que otorgaría a países para mitigar el impacto del coronavirus. Pero Puerto Rico tiene pocas alternativas para manejar la situación, pues no puede participar directamente de los programas internacionales de ayudas financieras.

Con la reapertura de la economía a la vuelta de la esquina, el economista destacó que se deben tomar pasos graduales. La política gubernamental está guiada por un “task force” económico compuesto, mayormente, por representantes de diversos sectores económicos.

“Aquí tenemos un ecosistema empresarial afectado, un gobierno que pierde recaudos y tenemos una población, un capital humano, subutilizado. Para que todo esto funcione, se necesita coherencia macroeconómica, no es solo la suma de sectores que buscan mejorar su posición económica en el tablero”, alertó.



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