La puertorriqueña María Fernanda “Marife” Torres estaba, hasta hace unas semanas, casi segura de que a finales de julio sería una de las atletas boricuas que desfilaría detrás de la monoestrellada en el Estadio Olímpico de Tokio.

Si se utilizara el argot del golf para describir lo cerca que estaba de cumplir su sueño, la jugadora se encontraba en el green a punto de completar un hoyo tirando bajo par.

“Honestamente, si se daban las Olimpiadas (este verano), yo iba hasta usando una máscara”, dijo riendo Torres a El Nuevo Día.

Mas el aplazamiento de los Juegos Olímpicos hasta 2021, la ha puesto en un escenario completamente distinto, que la obliga a alargar la espera.

Torres, la primera puertorriqueña en la historia en haber llegado al circuito de la Ladies Professional Golf Association (LPGA), con su debut en 2018, se encontraba entre las mejores 40 jugadoras del ranking olímpico del golf. Las mejores 60 son las que competirán en las Olimpiadas.

Al 23 de marzo, la clasificación exacta de Marife era la 36, y solo debía asegurarse de mantenerse entre las mejores 60 para la fecha en que terminara el periodo de clasificación para las damas, el 29 de junio.

Con la decisión tomada el martes por el gobierno de Japón y el Comité Olímpico Internacional (COI) de aplazar los Juegos hasta 2021, Torres posiblemente tenga que esperar unos 15 meses en lugar de tres, si el periodo de clasificación se extiende hasta el año que viene y se mantienen las mismas fechas guías.

Torres entendía que no debían surgir cambios drásticos en esa clasificación si los Juegos se hubieran mantenido en pie para este verano, pues en el peor de los casos no se veía bajando más allá de la posición 60.

“Manteniendo el enfoque en el tour regular (LPGA) como que te mantiene también dentro del otro ranking (olímpico). Si sigues evolucionando en el otro, el de las Olimpiadas se seguía manteniendo bien, o mejorando”, dijo Torres sobre esta su segunda temporada como jugadora profesional del Tour.



Marife Torres entrena en el patio de la residencia de sus abuelos en Río Grande. (Suministrada)

Por ahora, Torres desconoce qué sucederá en concreto en cuanto a la clasificación para el 2021. Solo sabe que el ranking fue congelado mientras no haya competencia. Así que, como tantos otros atletas del patio que aún no han conseguido su clasificación y que han tenido que detener la marcha en sus respectivas ligas y torneos, ella está haciendo malabares para poder entrenar y no perder su condición de juego.

“Me mudé para la casa de mis abuelos en Río Grande. La de playa, porque así tengo espacio para practicar. Estoy bendecida porque abuelo tiene patio aquí”, agregó aclarando que puede hacer su trabajo sin necesidad de salir de la propiedad. Fue una movida a la que se vio forzada cuando el gobierno de Puerto Rico anunció hace casi dos semanas un toque de queda como medida preventiva para tratar de detener los contagios por coronavirus en el país. Viviendo en San Juan en un condominio, no era mucho lo que iba a poder hacer si hubiera permanecido en su residencia.

En la casa de sus abuelos, en cambio, puede practicar en el patio, e incluso dentro de la casa.

“Poteo arriba en una alfombra, y tengo un mat donde hago el chipeo”, mencionó distinguiendo los distintos tipos de golpes y palos que se utilizan en el golf.

“Pienso que estoy volviendo a las mismas circunstancias que para el huracán María (2017), salvo que esa vez no tenía electricidad. Ahora tengo electricidad pero no puedo salir”, dijo.

Al comparar ambas emergencias, Torres dijo que al menos tras el huracán los campos de golf reabrieron bastante rápido y pudo seguir entrenando.

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