La carrera de David J luce de pronto tan discreta como su tono de voz con el que suele cantar su material como solista pero emerge con fuerza cuando nos encontramos a la distancia con el sonido de su bajo que fue parte clave de Bauhaus, agrupación clave para entender el movimiento Postpunk y gótico y posteriormente de Love and Rockets, trío que golpeó certeramente, con sonidos emparentados con la neopsicodelia a eso que algunos llamaron como música alternativa en los años noventa.

TXT:: Marco Patiño

En la última gira mundial de Bauhaus, bajo el seudónimo de The Undertaker, David J, comenzó a publicar a modo de diario, las experiencias por las que pasaba su grupo. En ese momento, conocimos que a la habilidad como músico, había que sumarle la de contador de historias. Años más tarde, parte de esos relatos se mezclan con sus experiencia con la magia oculta y con la historia del grupo que conformó con Daniel Ash, Peter Murphy y su hermano Kevin Haskins. Su primer libro Who Killed Mister Moonlight? es una biografía que sorprende por la honestidad por parte de su autor: el personaje de gafas y rostro eternamente inmóvil logra llevarnos de la nostalgia a el miedo. De la sorpresa a el drama. De la oscuridad hasta la fiesta de colores. Y de regreso.

Recientemente David J visitó la Ciudad de México para presentar su libro y para realizar un DJ Set conformado por canciones de su colección de vinilos de siete pulgadas. Hace tiempo Marvin lo entrevistó a propósito de la aparición de Who Killed Mister Moonlight? Esa charla con David J apareció originalmente en Marvin 138, dedicada a Héroes, 

Como motivo de su reciente visita David J volvió a platicar con nosotros.

Tus “Living Room Shows” parecen ser el momento cumbre entre un músico y sus fans. ¿Nos puedes platicar sobre la experiencia de tocar en la sala de alguna casa y para muy pocos invitados?

Me encanta tocar en esas presentaciones. La atención es máxima y obviamente muy íntima. Suele darse bromas lindas y casuales entre ambas partes. No tienes a la gente grabando todo en sus malditos teléfonos celulares, que es algo que me vuelve loco cuando toco en clubs. También es maravilloso poder conocer a los fans y seguidores, escuchar sus historias de lo que la música significa para ellos. Generalmente es una experiencia muy conmovedora.

Recuerdo los textos que publicabas de la gira de Bauhaus bajo el seudónimo del Undertaker. Era el principio de la internet como lo conocemos ahora y desde entonces parece que sacabas el jugo de las herramientas propias del marketing digital en la música. ¿Cómo ha sido tu experiencia como artista en este sentido?

No creo haber podido sobrevivir sin ellas. El internet es una gran herramienta para un artista independiente como yo. También ha acercado más a la audiencia así que ahora cuando grabo y toco en vivo todo se vuelve más personal y gratificante.

Love and Rockets siempre tuvo una fórmula de color entre el rojo, blanco y negro. ¿Quién tomaba las decisiones de identidad visual? ¿Quién diseñó el logotipo del grupo?

Eramos los tres de nosotros uniendo nuestras pequeñas cabezas salidas de la escuela de arte para obtener un diseño fuerte y memorable. Queríamos hacer algo parecido a BMW o VW. Un logo que fuera reconocido al instante. Fue idea de Daniel crear algo por el estilo.

Los Bubblemen siguen apareciendo en tus presentaciones en vivo. ¿Cuál es la historia detrás de ellos?

Los Bubblemen fueron un producto de la febril imaginación de Daniel. Se la pasaba haciendo dibujos de ellos. Cuando hicimos el video para la canción “Mirror People”, él tenía la idea de que deberían manifestarse. Después descubrí al payaso Hindú Hopi conocido como “Koshari” o “Koyala”. Tradicionalmente son tontos santos, tricksters-burladores que iluminan a través de la sátira y la bufonería, un poco lo que eran los Bubblemen, así que yo creo que Daniel estaba aprovechando una especie de arquetipo universal ahí.

¿Que recuerdos tienes de la gira que Love and Rockets hizo con The Cure, Pixies y Sheleyan Orphan?

Fueron conciertos enormes, como en el del Dodger Stadium. Eran justo lo opuesto de los Living Room shows. En realidad no nos importaban mucho porque la atención se disipaba en todos lados con chicos aventando frisbis y bolas de playa en pequeños grupos aquí y allá. Era algo muy extraño y preferimos por mucho tocar nuevamente en pequeños teatros con los Pixies que era nuestro grupo abridor y con quienes nos llevamos muy bien.

La historia de tu encuentro con René Halkett, integrante del movimiento artístico de la Bauhaus, es muy emotiva y nos explica sobre el uso del nombre para el grupo. ¿Sucedió algo semejante con los hermanos Hernández, creadores del comic Love and Rockets con quienes también comparten nombre?

Hablé con Jaime Hernandez por teléfono cuando empezamos a usar el nombre Love and Rockets. Estaba pensando en empezar una banda con su hermano y querían ponerle.. ¿adivina? ¡Love and Rockets! Él nos contactó mediante nuestra disquera. No habíamos pedido permiso para usar el nombre. Le dije que si quería el nombre lo podía tener. Fue extremadamente razonable de todo el asunto y pidió que le mandáramos algo de nuestra música para poder revisarla. Eso hicimos y respondió de vuelta y nos dijo que estaba bien que usáramos el nombre.

México aparece en tu libro en varias ocasiones. Malena, la bruja, te dijo que Se convertiría en un lugar muy importante en tu vida. ¿Hay alguna otra historia que quisieras compartir ahora?

Amo a México y mi experiencia es distinta cada vez que regreso. La bruja tuvo razón de que México se convertiría muy importante para mi y eventualmente terminé trabajando con integrantes del Colectivo Nortec. Grabé música con Roberto, Pepe, Ramón y Jorge en proyectos por separado. Hay una gran historia en particular que sucedió en Mazatlán donde rozamos el peligro y los hombros con miembros de un cartel traficante de drogas que se hacían pasar por promotores musicales. Pero habrá que esperar a que salga mi segundo libro para que lean esa historia.

La historia de cómo conociste a William Burroughs es fascinante. ¿Existe alguien más a quien admires que te gustaría conocer en persona?

De inmediato viene a la mente Leonard Cohen. Me encantaría sentarme en su pequeña cocina y compartir una botella de buen vino tinto para recibir consejos privados de la sabiduría y sagacidad de este gran hombre.

Leí que hay planes para un segundo libro. ¿Nos podrías contar algo de él? ¿Incluirá alguna historia con Shepard Fairy?

Si, hay un libro en el horno. Incluirá muchas historias relacionadas con Love and Rockets pero también se moverá por la tangente e incluirá algunas historias relacionadas con el tiempo en que vivía con Shepard Fairy, de cómo él salía a la medianoche a “bombardear” las calles de Los Ángeles con su arte. Regresaba a altas horas de la madrugada para tomar cervezas y escuchar discos. Fue un tiempo maravilloso.

¿Cómo es tu rutina cuando creas? ¿Tu proceso creativo como escritor influye tu manera de componer música y viceversa? ¿Cómo aparece tu experiencia en el teatro en este proceso?

Cuando escribí el libro comenzaba al mediodía y trabajaba por dos horas continuas. Tomaba un descanso y después seguía por una hora más. Siempre en el mismo escritorio. Esa disciplina fue necesaria para tener listo el trabajo. Cuando escribo una canción, las letras por lo general aparecen de manera inesperada y después me siento, prendo una vela, sirvo un vaso con whisky y comienzo con las letras para la música. Es mucho más espontáneo que escribir en prosa. La experiencia en el teatro sí influyó el proceso de escritura del libro, en el hecho de que comencé a ver situaciones y experiencias de la vida real y me esforcé para presentarlos de una manera dramática. Lo que también ha influido es escribir para la pantalla, algo que he estado haciendo por varios años junto a Don C. Tyler. Guardaba estas experiencias tomadas de la vida real como escenas de una película y esto provocó cierto dramatismo.

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