“La vida es una supercarretera. Se viaja a gran velocidad, se llega rápido, como de rayo a la meta –si ésta existe-, pero se pierde detalle”, se trata de todo un rush de sabiduría existencial que parece diseñado para el día de hoy, pero David Cortés lo escribió durante 1999, después de que Molotov editara Apocalypshit –su segundo álbum-. 

Y es que tal aseveración trasciende lo estrictamente musical; ese es el verdadero sentido del periodismo que se realiza en torno y a propósito de esta forma de arte. Y David es un atento observador, aferrado a irreductibles principios éticos para la profesión –lo que no es tan frecuente en nuestro medio-.

Hemos compartido aventuras en diversos espacios; abriendo brecha al rock latino en La Banda Elástica de Los Ángeles, California; ampliando el efecto de Acento X, el suplemento que Luis Gerardo Salas (Rock 101) concibió para el UnomásUno; disfrutando del gran trabajo editorial que realizó Alonso Arreola para Latinpulse (que auspiciaba Tower Records) y algunos otros proyectos. Ahora fortalecemos nuestros vínculos en La zona sucia y la colección Rock para leer de la revista Marvin (David hizo el prólogo para David Bowie: manual de amor moderno para aliens).

Pero también nos ha estrechado Escritos en el tiempo (Ed. Libros sampleados/El otro rock), ya que nos ha permitido conversar y expresarnos a partir de él sin pensar que estamos tuiteando –como pretenden los editores millennials-. 

Más de 30 años de trayectoria no son fáciles de condensar en un solo volumen que se antoja breve, por lo que esta obra me parece una celebración, un primer paso al que seguirán otros tantos, que nos habrán de develar nuevas aristas de un corpus siempre interesante y aguerrido.

David ha pronunciado abiertamente sus pasiones: King Crimson, John Zorn, el krautrock y el Rock en Oposición; precisamente esta última corriente me sirve para parafrasearla y definir a Cortés como un Periodista en Oposición. Porque todos hemos constatado los grandes cambios a propósito del oficio y que han derivado en las precarias condiciones profesionales en las que nos encontramos.

Escritos en el tiempo es un elogio del respeto y el amor por la escritura y el periodismo. Y es que durante su carrera entera, David ha defendido el rigor y la búsqueda de sólidos fundamentos para dignificar el ejercicio en su vertiente musical.

Debo precisar que los periodistas que asistimos al Ciclo Música y Literatura estamos completamente atentos a las novedades y tendencias más recientes; cada uno busca interpretarlas y asimilarlas a su manera, pero coincidimos en la necesidad de defender los fundamentos periodísticos ante un alud de diletantes atascando de opiniones sin sustento portales y redes sociales y todo aquel espacio donde los dejan.

Si privilegiar el análisis minucioso, la investigación detallada y la pretensión de ampliar la experiencia de escuchar tal o cual canción o artista nos convierte en figuras de La vieja escuela, de mi parte no tendría problema en aceptarlo, y tampoco el resto creo que lo tengan.

Me identifico con David en esa actitud de resistencia y por ser alguien que no tiene miedo de poner sobre la mesa de discusión el uso de la palabra ética; con mucho tino señala constantemente que escasean los periodistas y abundan los publirrelacionistas vomitando contenidos.

Escritos en el tiempo es un manifiesto de quien va a contracorriente, que defiende de verdad al rock mexicano y un convencido de que el underground sigue siendo un universo en expansión inabarcable. 

El libro contiene textos imperdibles, como la entrevista con Santiago Auserón o su acercamiento a una maravilla nacional tan poco conocida como Klezmerson. En su interior suenan Tuxedomoon, Size y, por supuesto, San Pascualito Rey, pero debo contar que al concluir su lectura me comenzaron a revolotear en la mente las figuras y el legado de otros grandes periodistas, cuyas ideas conectan con la postura ideológica de David Cortés y que contribuyen a una orgullosa defensa de nuestro oficio.

No tengo duda en que David suscribirá el planteamiento del enorme Gay Talase: “Los periodistas hoy son como pájaros intercambiando la misma semilla. Como palomas en la calle, todos comen lo mismo, beben de la misma fuente. Son alimentados por, organizaciones con sus intereses. Yo me mantuve y mantengo alejado de todo eso. Yo quiero ir al lugar de los hechos y ver a las personas, verlas con mis propios ojos. Los periodistas dicen «no tenemos tiempo» y confían solo en sus correos, sus ordenadores y sus aparatos. No salen de su oficina para ver lo que sucede en la calle. Creemos que por leer algo en el ordenador y apretar un par de botones nos estamos enterando de lo que sucede en el mundo. Pero no te estás enterando de nada. Estás leyendo artículos que proceden de los ordenadores de otra gente como tú que también está sentada en una habitación con un ordenador. Si quieres escribir sobre una historia tienes que estar ahí”.

Cortés aparece lo mismo en el Alicia que en Auditorio Nacional, no se aleja del Chopo y no falta al Lunario –sus textos lo evidencian-. Su obra contribuye a explicar el sentido de lo que está ocurriendo, y ello se ciñe también a los postulados de Simon Reynolds, por muchos considerado el más influyente ensayista acerca de música del presente; el autor de Retromanía y Después del rock apunta: “Que acumular datos no es necesariamente tener algo que decir. Que el exceso de información es, a veces, perjudicial. Que ya no es tan importante “presentar” o “descubrir” nuevas bandas. Eso lo puede hacer cualquiera a un clic de distancia. Lo que importa hoy es encontrar un significado para eso que abordamos”.

David ha sabido ser un férreo crítico ejerciendo en un medio en el que esa búsqueda de significado parece casi ausente. Es por ello que cierro compartiéndoles otra andana de Gay Talase, que parece escrita por Cortés: “Si los periodistas no hacen algo por mejorar, se van a extinguir. Estamos perdiendo la especialización, la singularidad, el arte del periodismo. En otras palabras, la carrera de periodista va a acabar reducida a un puesto de administrador, como un secretario. Habrán perdido el oído, la pluma, el cerebro. Y siempre deberían mantener el escepticismo. Un periodista tiene que estar harto, enfadado con la situación y reaccionar. No pueden ser tan pasivos”.

Nota: este texto se leyó en la UANLeer 2020 de Monterrey, durante la tarde del pasado 13 de marzo como parte del Ciclo: Música y Literatura.

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