Puerto Rico volvió al ojo público de Estados Unidos, pero esta vez, la isla figura como posible solución a la alta dependencia estadounidense a reactivos farmacéuticos manufacturados en China, hecho que ha quedado al descubierto en medio de la pandemia del COVID-19.

Específicamente, fueron los equipos editoriales del diario New York Post y de la revista de negocios Forbes los que recientemente abogaron para que el Congreso estadounidense reinstalara el régimen fiscal que propició la instalación de decenas de empresas farmacéuticas en Puerto Rico en los años 70 y su proliferación por las próximas dos décadas hasta que el presidente Bill Clinton revocara su ley habilitadora en el 1996.

Y aunque los puertorriqueños ya están acostumbrados a vivir con el fantasma de lo que fue la Sección 936 del Código de Rentas Internas de Estados Unidos, que eximía a las subsidiarias boricuas de estas grandes farmacéuticas del pago de impuestos corporativos, ambos medios estadounidenses creen que medidas similares podrían ayudar a Puerto Rico a volver a producir una mayor tajada de los fármacos que se consumen en Estados Unidos como una medida de seguridad nacional, no solo como un alivio económico para la isla.

Actualmente, “el 90% de los ingredientes químicos para (medicamentos) genéricos en los Estados Unidos para el cuidado de personas con serias infecciones de coronavirus y que son hospitalizados se origina en China”, aseguró la economista Rosemary Gibson el pasado 12 de marzo en su testimonio ante el Senado de Estados Unidos sobre la profunda dependencia de la nación norteamericana.

Según Gibson, los sedantes, antibióticos, antinflamatorios y medicinas para regular la presión arterial son solo algunos de los fármacos necesarios para combatir el COVID-19 y que podrían escasear si la pandemia continúa afectando la cadena de suministros que comienza en China.

En Puerto Rico, la Asociación de Industriales es una de las organizaciones que ha llevado este mismo reclamo por décadas y su vicepresidenta ejecutiva, Yandia Pérez, ahora cree que el cambio en el discurso a nivel nacional podría abrirle una puerta a Puerto Rico nuevamente.

“Contamos con la presencia de las grandes compañías de productos médicos, no solo biofarmacéuticos, de Estados Unidos y tenemos a una fuerza laboral con décadas de experiencia en la manufactura avanzada”, dijo Pérez, quien resaltó que Puerto Rico ya es uno de los principales exportadores de productos biomédicos.

El economista José Caraballo Cueto también favorece el que Puerto Rico se convierta nuevamente en un enclave farmacéutico, ya que ello sería provechoso para la isla y también para los Estados Unidos, pero indicó que hay que evitar los errores del pasado.

“Hay que aprender del pasado, y esta vez, encadenar a las empresas locales con las compañías farmacéuticas”, expresó.

Y aunque reconoce que la pandemia podría movilizar a los congresistas a tomar medidas drásticas que fortalezcan la seguridad nacional, algunas de las medidas que propone Forbes, como eximir del pago de impuestos corporativos a los fabricantes de medicinas genéricas y dar un alivio contributivo preferencial a las farmacéuticas que generen propiedad intelectual, podrían aplicarle igualmente a cualquier jurisdicción estadounidense, cree la Coalición del Sector Privado en Puerto Rico.

Para Francisco Montalvo, coordinador de la coalición, esta ruptura en la cadena de suministros médicos encaja perfectamente con las políticas públicas nacionalistas de Donald Trump, por lo que no le resulta difícil creer que el presidente tomará cartas en el asunto. Sin embargo, duda mucho de que Puerto Rico sea la opción número en la lista de Trump o de los congresistas.

Marian Díaz colaboró en esta historia.



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