Una mujer con síntomas de un catarro acudió -esta semana- a un laboratorio del área metropolitana porque llevaba varios días con fiebre y sintiéndose “muy mal” y se encontró allí con muchas personas con síntomas de condiciones respiratorias.

“Me sorprendió que no había nadie (del laboratorio) preguntando si alguien había viajado recientemente”, expresó la mujer, quien prefirió permanecer bajo anonimato. y aseguró haberse vacunado contra la influenza.

Su inquietud parte de la emergencia de salud pública que vive el mundo entero con el reciente desarrollo de una nueva cepa de coronavirus -COVID-19– que se originó en China y ya se ha extendido a prácticamente todos los continentes del mundo.

Su preocupación, indicó, fue mayor al enterarse que el personal del laboratorio donde acudió no había recibido directrices del Departamento de Salud sobre cómo proceder con casos sospechosos de esta enfermedad.

“El laboratorio estaba lleno, con mucha gente enferma. La señora que me atendió (tecnóloga de laboratorio) me dijo que no habían recibido ningún protocolo (sobre el manejo de casos sospechosos)”, sostuvo.

José Sánchez, pasado presidente de la Asociación de Laboratorios Clínicos, informó que actualmente los laboratorios no tienen guías específicas sobre cómo tratar estos casos.

“No se nos ha dado nada, no tenemos nada, excepto las guías básicas de laboratorio que tienen protocolos para enfermedades infecciosas”, dijo.

Agregó que urge impartir instrucciones particulares para identificar casos sospechosos desde que entren al laboratorio.

“La realidad es que de este virus se sabe tan poco. Ahora, están diciendo que puede dar más de una vez, que no da inmunidad (de por vida)”, sostuvo.

Señaló que, a falta de unas directrices uniformes que puedan seguir los laboratorios, cada uno debe crear su propio protocolo para atender esta situación.

Mientras tanto, lamentó que el país carezca de la infraestructura necesaria para procesar las pruebas de laboratorio de estos casos y tener los resultados con prontitud.

La doctora Carmen Deseda, epidemióloga del Estado, le informó a este diario que el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) le envió unos reactivos y materiales al Departamento de Salud para poder procesar estas pruebas en Puerto Rico.

Explicó, sin embargo, que personal de la agencia debe ser adiestrado primero para poder procesar estas pruebas específicas. Posteriormente, comentó, el CDC debe validar los adiestramientos tomados para que se hagan las pruebas en la isla.

Mientras tanto, la licenciada Ilia Toledo, presidenta de la corporación Laboratorio Toledo, confirmó, por su parte, que ha habido un alza en la cantidad de casos confirmados de influenza y micoplasma en el país, incluyendo personas coinfectadas con ambos virus.

“Mucha gente pregunta si tenemos la prueba (para el COVID-19) disponible y les decimos que no, que vayan al hospital, donde pueden llamar a Salud para (hacer la prueba y) enviarla al CDC”, dijo.

Toledo informó que conoce de -al menos- dos compañías que están trabajando en fabricar una prueba comercial de laboratorio para procesar casos sospechosos de esta enfermedad.

“Sería por PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa) para uso de emergencia. En dos a tres meses, podrían estar recibiendo la aprobación de la FDA (Agencia federal de Drogas y Alimentos)”, dijo. La PCR es una técnica de laboratorio que permite amplificar pequeños fragmentos de material genético para identificar gérmenes microscópicos que causan enfermedades.



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