Durante todos estos meses me he mordido la lengua, pero sinceramente, me pareció repulsiva la forma en la que casi toda la comunidad metálica trató el deplorable episodio que Abbath protagonizó en Argentina, la suspensión de su gira suramericana y su paso, por fin, por una clínica de desintoxicación.

Qué os voy a contar… Yo mismo sufrí en mis carnes el lamentable estado en el que se encontraba el frontman hace cuatro años, ahí está como testimonio esa delirante entrevista que ya ha pasado a los anales de la historia de esta revista. Tras esa llamada telefónica tuve claro que, como suele ocurrir en este tipo de adicciones, el héroe de Blashyrkh sólo podía ir a peor.

Que el noruego haya sido objeto de burlas y chascarrillos infinitos, en parte, es algo que él mismo ha alimentado tras lanzarse de bruces a por ese papel de bufón contemporáneo del black metal, pero al mismo tiempo, esperaba una mayor madurez por parte de los medios y los seguidores del heavy metal, llamadme iluso…

Tampoco voy a ir de santito por la vida, porque todas y todos nos echamos unas risas cuando nos llega el típico vídeo de adolescentes o paposos perdiendo los papeles de fiesta, pero de verdad, el alcoholismo no tiene nada de gracioso y es algo muy distinto. Deberíamos ser un poco más adultos y aceptar de una vez que, entre el componente lúdico y la desinhibición, también puede esconderse una enfermedad crónica durísima que no le deseo ni a mi peor enemigo.

Aclarado este punto, apartemos los discursos moralistas y pasemos a documentar lo que ocurrió en la Salamandra, que desde luego fue mucho y variado. Antes de nada, mis disculpas a Nuclear, pues saliendo a tocar a las seis y cuarto de la tarde, me resultó imposible llegar a tiempo para ver su actuación. Me supo mal porque son unos viejos conocidos de esta publicación, pero a esas horas, ya me dirás…

Mi toma de contacto con el escenario se dio con ‘Something Wicked Marches In’ de Vltimas. De primeras, un sonidazo que tiraba de espaldas. El más poderoso de la tarde, no os quepa duda.

Foto de Eduard Tuset.

Con su curioso gorro y esa chaqueta larga, David Vincent desentonaba entre las melenas al viento. No acabo de pillarle el punto al exMorbid Angel cincuentón, en serio. Se gusta ante el micro, conserva el chorro, pero ese juego de caderas, esos dejes de rockero, su escasa movilidad sobre las tablas… No sé, tuve la sensación de que estaría más cómodo en una jam de blues en la Rocksound tomando copas con Nick Cave que subido en el tren de una gira de metal extremo.

Si su único disco hasta ahora me dice más bien poco, en directo todavía me aburrieron más. No podemos mostrarnos desconsiderados ante un guitarra como Blasphemer, pero estas canciones suenan planas, sin enjundia, y excesivamente pulidas. No presentan gancho alguno, y los gorgoritos en ‘Monolith’, por ejemplo, desde luego no ayudan a mejorar esa imagen. Vltimas no tienen alma, así lo veo yo.

Ante 1349 sólo puedes rendirte, no sin antes recurrir a un oportuno babero. No dieron el mejor show que les haya visto, y aun así, fue la leche. Crudos e inmisericordes, no dieron descanso a la parroquia, enlazando trallazo tras trallazo.

Su aural hellfire no logró enderezar esa muralla infranqueable de decibelios que suele levantar en Europa, ¿pero pudo alguien resistirse a la corrosión de ‘I Am Abomination’? Cuando el cuarteto black se pone en plan tornado, no hay quien lo pare, y si Frost puede unirse a la batalla, la victoria está asegurada.

‘Slaves’, ‘Atomic Chapel’, ‘Dødskamp’, ese punto punk, la bilis de Ravn al micro gobernando desde las alturas… Joder, cuánto amo esta banda.

Sumido en la penumbra, con unos surtidores de humo que ya no pararían de trabajar en todo el bolo, Abbath, el ídolo caído, apareció en escena con sus compinches, unos nuevos reclutas a los que cada vez cuesta más seguir la pista dadas las continuas idas y venidas.

Con un arreón inicial formado por ‘Hecate’, ‘Count The Dead’, ‘Bridge Of Spasms’, ‘The Artifex’ y ‘Harvest Pyre’ pudimos comprobar que, si bien su último Outstrider no convence cuando lo pinchamos en casa, sí aguanta el tipo en vivo junto a los temas de su primer álbum. La misma ‘Outstrider’ me gustó más que nunca en L’Hospitalet.

Foto de Eduard Tuset.

Los escandinavos volvieron a recuperar ‘Warriors’ del proyecto I, y ‘Against The Tide (In The Arctic World)’ fue la primera incursión al grupo que le ha dado un porvenir a este señor, aunque siempre sin salirse de esa ‘era Tägtgren’ tan denostada por muchos.

Sigo pensando que las limitaciones legales, imagino, que le impiden tirar del repertorio clásico de Immortal son un gran lastre para sus conciertos, porque continuando con esta idea, resulta innegable que el gran momento del show, y de todos los que ha dado hasta ahora, se encuentra en la dupla ‘In My Kingdom Cold’ y ‘Tyrants’.

Tras ‘To War!’, la magnífica ‘Winterbane’ echó el cerrojo al concierto más sobrio, literalmente, de los cinco que ya le he visto desde que actúa por su cuenta. Curiosamente, no pudo superar el listón de sus descargas en el Brutal Assault o el Netherlands Deathfest, quizá por la ausencia de sorpresas en el set y un sonido no demasiado nítido, con excesiva presencia de agudos.

Por desgracia, nada como tocar fondo para reaccionar, aunque en su versión más profesional y centrada tampoco pudo estarse de hacer un poco el payasete… Estamos hablando de Abbath, carajo. Era obvio que el personaje no moriría junto a la bebida.

Sí, querido mío… estar limpio es aburrido, pero al menos te seguimos contando entre los vivos y tus seguidores se marchan satisfechos de las salas.

PAU NAVARRA

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