Sandra Torres Guzmán

Especial El Nuevo Día

Ponce – Stefanie Figueroa y Juan Torres recibieron el mejor regalo de Navidad con el nacimiento de su primogénita Janielys Enid, el pasado 20 de diciembre.

Pero al pasar los días, su alegría se transformó en desesperación cuando tuvieron que abandonar el apartamento que habitaban en el residencial Lirios del Sur de Ponce, por la serie de terremotos que desde entonces sacuden la zona sur.

Primero, se refugiaron en la Escuela Vocacional Bernardino Cordero Bernard. Luego, la joven pareja, junto a cientos de damnificados, fueron movidos al campamento base ubicado en el estadio Francisco “Paquito” Montaner, donde en la noche del viernes enfrentaron otra difícil situación.

Mientras descansaban, empezó a llover fuertemente, lo que provocó que se inundaran las carpas por segundo día consecutivo, obligando el desalojo inmediato de decenas de familias hacia una escuela vocacional, instalación que, en primera instancia, había servido de refugio.

“Anoche, como a las 7:31, empezó a lloviznar y cuando nos dimos cuenta ya el agua estaba corriendo por casi todos los lados. Ahí comenzamos (a salir) los refugiados, y él (Juan Torres), que me sacó a mí con los nenes. Ella (la madre) cayó en una crisis que tuvimos que sacarla, es asmática y junto con la bebé sacarlos bajo una frisa hasta llegar a la salida”, contó Lianis Rivera Vargas junto a otros damnificados.

“Si nos quedábamos iba a ser un riesgo y es grandísima la preocupación por la bebé, porque tú sabes las bacterias, los brotes, o sea, allí por lo menos a ella había que sacarla lo más pronto posible porque ella no tiene vacunas. Ella es nuestra prioridad”, dijo, por su parte, el progenitor de la recién nacida.

El joven padre aseguró que los administradores del campamento no ayudaron en el desalojo de los refugiados.

“Tuvimos que desalojarnos nosotros mismos porque ellos (empleados) se sentaron, treparon los pies en la silla y se quedaron ahí sin hacer nada. Nos decían, trépense al catre y cómo nos vamos a trepar al catre si el agua iba a seguir y va a llegar el momento que esos catres se iban a caer y ya cuando sacamos la nena el agua nos daba como por aquí (debajo de las rodillas)”, agregó Torres.

“Cuando pasó el terremoto también, ella lo que tenía eran 17 días y tuve que salir corriendo con ella. Estoy tratando también de no caer en depresión porque una depresión posparto es fea. Nosotros perdimos todo aquí… ahora mismo la nena no tiene nada, yo tampoco tengo ropa porque lo que nos dijeron ‘saquen lo más importante’”, lamentó Stefanie, madre de la bebé de un mes y cinco días.

“Los mismos refugiados pueden decir lo que pasó allí… Pedimos ayuda. Los empleados que estaban allí bajo las carpas decían que no, para no mojarse, ninguno se presentó al lado para ofrecernos ayuda. Solamente les dieron un par debolsas de basura para que se taparan porque ninguno de ellos se presentó a donde estaban los refugiados”, denunció Figueroa.

Asimismo, varios de los damnificados expresaron su preocupación ante las intenciones de moverlos al Centro de Convenciones Juan H. Cintrón.

“Nos quieren llevar para el Centro de Convenciones y atrás del Centro de Convenciones hay un río. Imagínate, seguimos preocupados porque vaya a pasar algo, de que el río se salga de su cauce. Somos seres humanos, tenemos que sentarnos en una mesa y dialogar. Yo sé que no es fácil y que también hay que tener paciencia, pero si se logra el objetivo se llega a donde uno quiere ir”, dijo, por su parte, Alma Torres.

“Hay personas que ahora mismo no tienen una cama porque perdieron todo. Nosotros nos fuimos de Lirios del Sur porque hay algunas viviendas que están agrietadas por dentro, pero la administradora puso un edicto a los residentes como que tienen 10 días para llegar a donde ella o si no, tienen cancelación de contrato, cuando ella sabe que estamos aquí en un refugio”, denunció Lianys Figueroa.



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