The Cars – Larga vida a Ric Ocasek

Hay bandas que si el miembro clave fallece, desaparecen. Otra cosa es lo que se haga después, como reintentar recomponer el cadáver de la banda de la peor forma posible u otros engendros del siglo XXI. Traduciendo la famosa proclama estadounidense, no hay negocio como el negocio del espectáculo.

Ric Ocasek, fallecido por causas naturales el pasado mes de septiembre, era el cuerpo y cerebro de The Cars, el principal compositor y su vocalista a medias con Benjamin Orr. The Cars, una de esas bandas que llevan más allá la etiqueta a la que los críticos les han adherido. En este caso new wave. The Cars como Blondie, trascienden géneros. Son en sí mismo un género.  Cuando en 1978 Roy Thomas Baker produce su último disco con Queen y su primero con The Cars, marca un hito en la historia del rock. Queen empezarían la siguiente década usando el sintetizador del que tanto habían renegado en los setenta, y The Cars utilizarían los coros de los ingleses, junto a un binomio de power pop y sintetizadores único. 

La historia de Ocasek está marcada por la Costa Este. Nacido en Baltimore, Nueva York, dado el oficio de su padre trabajando para la NASA, los traslados serían continuos hasta lo que nos interesa: la formación de The Cars en Boston. La misma ciudad que vio nacer a Aerosmith o Extreme.  Ric era más que un músico en el sentido completo de la palabra, acá, compositor, guitarrista rítmico y productor. También pintaba. Tal vez fuera su faceta pictórica la que marcó a The Cars, tal vez el echar un vistazo en las cubetas de vinilos a los discos de Roxy Music. The Cars utilizarían, inteligentemente, el concepto de Pop Art en todas sus portadas. Su debut homónimo les puso en el mapa casi alcanzando el top ten del Billboard. Ya hemos citado antes la mayoría de sus ingredientes. Añadámosle esa producción new wave a lo Blondie, junto a lo mejor de Queen y del grupo de Chicago Cheap Trick. 

Con Candy-O depurarían la fórmula y entregarían uno de esos singles asociados al subconsciente colectivo, ‘Let’s Go’. Y no sería el único. Con este álbum no es que entrarían en el Top Ten del Billboard, es que casi lo dinamitaron llegando al número tres. A diferencia de su debut, aquí Ric Ocasek cantaría la mayoría de temas. 

Panorama, con el que entrarían en la década de Prince, sería más experimental, aunque continuaría estando en el regazo de los dioses en cuanto a las ventas. ¡Y su primer disco sin mostrar una chica en portada! Sería  ‘Shake It Up’ donde conseguirían mayor éxito en cuanto a singles, tras un parón en el que Ric publicó su debut en solitario, Beautitude. También el último disco que les uniría al bueno de Roy Thomas Baker.

En el año de la profecía del Gran Hermano de George Orwell, 1984, por fin  dieron el gran salto. No sólo por volver a alcanzar el número tres en Estados Unidos, ser su disco más vendido o sacar su single de mayor repercusión. La simple carpeta es una obra de arte que merecería estar expuesta en el MOMA.  Recuerdo comprarme casi todos los discos de The Cars, que tenía grabados en cintas de casete (las mismas que ahora se están poniendo de moda…reiteremos lo de no hay negocio como el negocio de la música) en un mercadillo de Berlín. A precios ridículos. Si ya de por sí Berlín tiene suficientes argumentos para ser una ciudad que marca, poder adquirir sus discos en vinilo junto a dos de las personas más importantes de mi vida, sería un dato clave en mi vida.

En Heartbeat City cogieron de productor a Robert “Mutt” Lange, el famoso productor de AC/DC o Def Leppard, y se atrevieron a co-producirse. Con el single ‘Drive’ alcanzarían puestos altos a ambos lados del Atlántico, convirtiéndose posteriormente con el Live Aid en una canción aún más icónica al emparejar las imágenes de decenas de niños desnutridos en Etiopía con su música. Cantada perfectamente por Benjamin Orr, en el clip original aparecería la super modelo Paulina Porizkova, posterior mujer de Ric Ocasek y viuda del mismo. Se llegaron a separar pero nunca a divorciar. 

Se despedirían, al menos la formación clásica, con Door To Door en 1988. Si bien es cierto que no es un gran disco, se puede argumentar que contiene mejores canciones que la discografía de muchísimos de sus coetáneos. Entre los años que pasaron desde el debut de Ric Ocasek hasta la reunión de The Cars y posteriormente, Ocasek publicaría unos cuántos discos en solitario bastante buenos, aparte de producir a bandas de la talla de Weezer, Nada Surf o D Generation. Eso si no contamos sus producciones previas a Suicide u otros grupos o artistas fundamentales.

 A D Generation les dediqué un artículo sobre cómo se hizo su clásico No Lunch producido por Ocasek. De los integrantes de entonces del grupo, con el que mayor afinidad y amistad me unió, y me une, es con Danny Sage. Un tipo encantador que me contó miles de anécdotas de lo caballeroso, gran músico y productor que Ocasek era. Danny solía llamarlo Roy, por Roy Thomas Baker dado el énfasis que Ocasek ponía en que D Generation realizaran coros al estilo de The Cars o Queen, una de las bandas la de Deacon, sino la banda, que más marcó en su crecimiento musical a Danny Sage.

Pero entre todo esto, falleció el alma de The Cars en el año 2000, otro año que las profecías marcaban como una distopía e incluso el fin del mundo. Sí, fue el fin del mundo para Benjamin Orr, pero no para todas las personas alrededor del Planeta Tierra que amamos su voz y sus interpretaciones. Orr, como Ric Ocasek siguen más vivos que nunca en el subconsciente colectivo.  Hasta que no muera la última persona que ha amado a esta banda, ellos tampoco lo harán.  

Antes de que The Cars volvieran como tal, se hizo una pseudo reunión con dos miembros originales, bajo el nombre The New Cars con todo un Todd Rundgren. Estamos escribiendo no sólo de otro de los genios de la música estadounidense, sino de uno de los pocos supervivientes que pudo echarle en cara en algo, y con razón, a otro genio, este de Gran Bretaña, conocido como el Duque Blanco, el camaleónico David Bowie. En ese selecto grupo están Jayne County, James Williamson, John Deacon o Reinhold Mack. Pero dejemos las reyertas para otro artículo.  Bendecidos por el resto de miembros, The New Cars sólo sacaron un disco, con canciones en directo y varias en estudio. Incluso un single, que no llegó a ninguna parte. Anecdótico dentro de la historia de la música, aún así os animo a que escuchéis el álbum.

Finalmente, en el 2011 sacaron Move Like This, con todos los miembros originales que habían sobrevivido y dedicado a Benjamin Orr. Un disco más que notable. Realizaron una sucinta gira de once ciudades, terminando en Boston, bastante fría a la hora de interpretar clásicos de ayer y del nuevo álbum. Al menos tuvieron la dignidad de no tocar ‘Drive’, porque sin Orr, esa canción no tiene sentido ser cantada, a pesar de los recientes tributos del combo Berlin -que también se acordaron de Eddie Money- o Bryan Adams. Los invitaron a una fecha del festival que nació como una idea libre y actualmente es otro negocio más de Perry Farrell, Lollapalooza. De nuevo, y esta vez en exclusiva en la extinta sección De Culto en papel, escribí sobre ellos.

Su última actuación fue en 2018 en su entrada en el Rock N Roll Hall Of Fame. Tocarían unas pocas canciones, con el bajista de Weezer haciendo las partes de Benjamin Orr. El quince de septiembre del año siguiente se encontró el cuerpo sin vida de Ric Ocasek, un músico entre un millón.

El resto, como se suele decir, es historia. The Cars han muerto, larga vida a The Cars.

IGNACIO REYO

Dedicado a Dalia Román Lobo.

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