El segundo disco de Higher Power, con el que debutan en Roadrunner, era uno de los que más ganas tenía de escuchar este año. Ya con su primer álbum Soul Structure publicado en 2017 apuntaban maneras, y el que hubieran fichado a Gil Norton, el productor de algunos de los mejores discos de Pixies o Foo Fighters, era un aliciente a tener en cuenta.

Como todo buen segundo disco debería hacer, 27 Miles Underwater afianza la personalidad del quinteto de Leeds a la vez que muestra una versión mejorada de lo que ya habían ofrecido. Al igual que Turnstile al otro lado del océano o The Wax en nuestra tierra, Higher Power proporcionan al hardcore un nuevo aliento incorporando influencias del rock alternativo de finales de los 80 y los 90. ¿Quién podía imaginarse entonces que Jane’s Addiction se iban a convertir en una inspiración para una nueva generación de hardcoretas?

En especial, el vocalista Jimmy Wizard parece embrujado por el espíritu de Perry Farrell en los pasajes más melódicos, pero toda la banda en general incorpora algunos toques psicodélicos y funkys característicos de los autores de Ritual De Lo Habitual como escuchamos en ‘Staring At The Sun’; por no hablar de la acústica ‘In The Meantine’ que recuerda a ‘Jane Says’.

En algún momento las influencias se les van de la manos -¿Es la intro de ‘Self-Rendered: Lost’ un homenaje a ‘Rooster’ de Alice In Chains o un simple plagio?-, pero sería absurdo quedarse con ese detalle porque si algo tienen Higher Power son recursos de sobra: los dos guitarristas, Louis Hardy y Max Harper alternan riffs pesados con armónicos relucientes y se les van tan cómodos metiendo cera en ‘Shedding Skin’ como acercándose al post hardcore melódico en ‘Rewire (101)’. A pesar de su inmediatez, ’27 Miles Underwater’ en disco en el que con cada escucha descubres nuevos detalles.

JORDI MEYA




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