Yauco – Luego de ser declarado zona de desastre por tercera vez en menos de tres años, este municipio tiene más de 3,600 viviendas que certificar si son seguras o no para sus ciudadanos y un reducido equipo de ingenieros para hacer esta labor titánica.

Y aunque esperan reforzar sus rangos con otros ingenieros voluntarios este fin de semana, no será hasta la semana que viene que el Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos eleve sus recursos profesionales a más de 100 para atender la pila de solicitudes.

Asimismo, la Secretaría de Fondos Federales e Infraestructura de Yauco informó que hay al menos 34 edificios públicos que sufrieron daños mayores, de los cuales la alcaldía y dos museos en el casco urbano presentan el mayor riesgo de colapso si se suscitara un terremoto de mayor magnitud.

“FEMA pide que en 24 horas (de la declaración de zona de desastre) se rinda un informe preliminar del inventario de daños. Estamos terminando el estimado, que esperamos esté sobre los $70 millones en daños”, a estructuras municipales, dijo el director de la secretaría, Luis Martínez Puello.

Ya declarados inseguros y clausurados hasta nuevo aviso, la alcaldía, el museo de arte María Cecilia Franceschini y el museo de historia Alejandro Franceshi podrían costarle hasta $12 millones en reparaciones al municipio, ya que son propiedades históricas.

En los barrios de Yauco, los daños rondan en los cientos de millones de dólares y podrían poner en riesgo a los miles de ciudadanos que se preguntan si pueden o no entrar a sus casas, por lo que 12 ingenieros contratados por el municipio se han dado a la tarea de ir casa por casa, verificando desde paredes agrietadas hasta varillas expuestas, para darles respuestas.

Le ponen el sello de inseguras

En la calle Onelio Torres del barrio Susúa Alta de Yauco, el terremoto de magnitud 6.4 del 7 de enero le arrancó el concreto a las casi diez columnas que sostenían la casa de Ángel Flores. A eso se añade que las escaleras están a punto de colapsar, tal y como lo hizo una pared que se desprendió e impactó a Flores esa madrugada mientras dormía en la planta baja.

“Si mi nena hubiera estado durmiendo al lado mío, de seguro hubiera muerto porque la pared cayó encima de su cama. Gracias a Dios, estaba con su mamá”, dijo Flores, mientras mostraba a este medio fotos del interior destruido por los constantes sismos y que ahora es inaccesible por medidas de seguridad.

“Voy a tener que arreglarla, pero nadie va a querer vivir en una casa de dos pisos después de todos estos terremotos”, reflexionó el hombre.

A simple vista, los daños a su casa con más de 32 años de construida eran tan obvios que el ingeniero Carlos Rebollo no dudó en sacar un formulario color rojo que leían “INSEGURO” en letras mayúsculas y negras.

“Está en peligro de caerse. Tiene las columnas colapsadas y los refuerzos de acero expuestos. Eso ya no tiene soporte. Las escaleras están rotas y a punto de colapsar”, dijo Rebollo, a quien más de un terremoto lo ha sorprendido dentro de una estructura afectada.

Mientras tanto, su colega, el ingeniero Rubén Vargas, recolectaba en una aplicación móvil los datos importantes del análisis. “Tomamos las coordenadas, medimos el área afectada y le pedimos la información de contacto al titular de la propiedad”, explicó antes de que Rebollo rotulara la casa como insegura.

Al cruzar la calle, la casa de la familia Mercado, a simple vista, no mostraba más que unas grietas. Sin embargo, para el ojo entrenado de Rebollo, el hogar se estaba hundiendo.

“Si se fijan en estas grietas, pueden ver que el terreno cedió completamente. La casa se hundió y eso compromete toda la estructura”, señaló Rebollo sobre una grieta de casi seis pulgadas que corría “desde la tierra, en el patio de la casa, hasta el tope de una cerca de cemento armado.

“Es como si hubiera pasado una grieta por toda la tierra y hubiera cogido todas las casas en esta calle”, sentenció el estudiante de ingeniería mecánica del Recinto Universitario de Mayagüez, Bryan Mercado, cuya familia pernoctaba en la casa terrera cuando esta sufrió los daños.

Su hogar también fue declarado inseguro, al igual que el de su vecina, Natalia Santiago.

“Aquí fue donde me crié y tiene ya como 28 años (de construida). Hemos seguido viniendo a la casa y cada vez está más despegada del suelo. Sigue empeorando todo”, relató Santiago minutos antes de que la brigada de ingenieros rotulara con el documento color rojo una de las pocas columnas que parecían intactas en su casa.

Aunque fue afectada por la misma grieta en la tierra, una casa más abajo en la misma calle fue rotulada con el formulario color amarillo, correspondiente a “uso reducido”. En otras palabras, algunas partes de la casa no deben utilizarse. En este caso, una de las paredes de la marquesina había sido impactada por la pared de la casa vecina, pero el daño no se había traspasado al espacio residencial.

Al momento, los ingenieros atienden los casos más peligrosos, por lo que el color verde del formulario, correspondiente a las casas seguras, rara vez ha sido utilizado. Sin embargo, el gerente de subvenciones del municipio, Ángel Alvarado, explicó que ha visto varios casos en los que hay una casa completamente segura al lado de otra que, a simple vista, está a punto de colapsar.

“Todo depende de la construcción de la casa”, indicó Alvarado.

Ahora que su municipio fue declarado zona de desastre, los vecinos en esta calle y otros sectores de Yauco que han recibido la visita de Rebollo o sus colegas, podrán recoger su informe final en el vagón de comando detrás del Coliseo Raúl “Pipote” Oliveras.

“Ese informe, firmado por el ingeniero, especifica que la casa no es segura, por si tienen que hacer algún trámite con vivienda o FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias). Eso les ayuda a tramitar las ayudas”, explicó Martínez Puello.

Solo inspeccionan la seguridad

“No es una inspección estructural. Es una inspección de seguridad. En este momento, eso es lo que se puede hacer responsablemente. Para determinar si la estructura aguanta o no, hay que hacer estudios estructurales adicionales que, en estos momentos, es imposible con la cantidad de estructuras que están dañadas”, añadió el director.

De vuelta en su centro de comando, el ingeniero puede ver todos los datos que llegaron directamente del campo a la base de datos, “donde podemos visualizarla en forma de mapa. El color del papel que se le coloque a la casa también se refleja en la pantalla, en vivo. Nos permite segregar la información para saber, por ejemplo, cuántas casas se dañaron por barrio”, añadió.

Al ritmo de tres casas evaluadas por hora por cada ingeniero, Rebollo cree que sus brigadas pueden certificar cerca de 300 residencias al día, pero el número podría casi duplicarse este fin de semana, cuando lleguen unos diez ingenieros voluntarios.

Dentro del vagón al que llaman su oficina, entran y salen cerca de 50 empleados, muchos de los que pisan las instalaciones solo para almorzar o recargar sus dispositivos móviles antes de lanzarse a las comunidades nuevamente para continuar con las inspecciones.

Instan a solicitar ayuda

“Mi deseo es que todo el que entienda que requiere una inspección, si es lo que necesita para volver al hogar o moverse a buscar las ayudas necesarias, que la pida”, afirmó Martínez Puello.

“A medida que la gente se sienta más confiada en salir de los refugios a visitar sus casas, creemos que esa lista (para solicitar la inspección) va a crecer, pero también estamos trabajando la aplicación por internet para que puedan solicitar la inspección a través del celular o la computadora”, manifestó.

La solicitud de inspección de seguridad ya está disponible en la página de yaucoatuservicio.com. Una vez recibida, el personal administrativo le adjudica prioridad, antes de asignarla a uno de los ingenieros en el campo.

Para los que prefieran hacer el trámite en persona, pueden solicitar la inspección en cualquiera de las mesas de servicio satélite en el estadio municipal Mario “Ñato” Ramírez o en el Parque Urbano Enrique “Quique” Lucca.



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