David Bowie: Manual de amor moderno para aliens forma parte de la colección Rock Para Leer , un tributo a la obra y vida del Duque Blanco. El libro cuenta con 22 cuentos ilustrados y, a semejanza de la vieja escuela y las viejas costumbres cuando comprabas un disco y te encontrabas con canciones extra, este libro también tienes sus bonus tracks.

David Bowie: Manual de amor moderno para aliens refleja la visión de cada uno de los autores y de cómo Blackstar llegó a sus vidas para cambiarlas. El bonus track que hoy compartimos estuvo a cargo de Emilio Carrera Rivera.

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Z

TXT:: Emilio Carrera Rivera

ILU:: The Jalex

El sonido del teléfono entró como un disparo por sus oídos. JC tardó unos segundos en ubicar dónde estaba. El despertador, con su parpadeo melancólico, le indicó la hora: 3 de la mañana. Tomó el auricular del teléfono de disco, un lujo anacrónico que se permitía en el modestísimo cuarto que podía arrendar con su sueldo de ayudante contable.

—¿JC? Soy Z.

JC se sentó, frotándose con índice y pulgar los ojos y suspiró resignado.

—¿Dónde estás? ¿Sabes que tu madre está desesperada buscándote?

—Eso no importa, necesito que me escuches, me pasó algo —Z se escuchaba nervioso, encendido y eso, a últimas fechas, era algo poco frecuente.

JC acusaba un dolor de cabeza intenso: su compañero habitual de las últimas semanas. Encendió la lámpara; sus pupilas protestaron ante la llegada de la luz intensa. Tomó una de las tantas latas de cerveza desperdigadas sobre el buró y bebió las pocas gotas que quedaban buscando eliminar la resequedad que atormentaban lengua y paladar.

—¿Qué pasó, Z?

—Algo rarísimo, tanto que me da cosa que pienses que estoy loco.

—De todos los locos que conozco, tú eres el más cuerdo —JC buscó con la mirada la cajetilla de cigarros, seguramente los había dejado en el pantalón— aguántame tantito —con el talón jaló los pantalones y, efectivamente, ahí estaban lo cigarros. Una vez que encendió uno, tomó nuevamente el auricular— ahora sí, dime, soy todo oídos.

—Estoy hospedado en un hotel de lo más cutre: Alfombra roída, espejo en la pared y papel de baño sobre el radio despertador en el buró. Estoy en el último piso. Desde la ventana observo en la avenida a las últimas prostitutas que quedan, las más viejas, las más ajadas, las más baratas, para las que el cansancio no es opción. Vine aquí para imponerme un ayuno prolongado, buscando afinar mi sensibilidad y mejorar mi función cerebral. Necesitaba volver a pensar claramente, tomar distancia de las situaciones que me agobian. Aquí tengo prácticamente lo que necesito, una cama, un radio y soledad. El ayuno te obliga a limitar al máximo la actividad física y mental, así que me busqué un claustro moderno y al alcance de mi bolsillo.

—¿En qué consiste el ayuno?

—Eso no lo quieres saber, digamos estoy consumiendo una dieta blanca. Bueno, por lo que llamé: cuando llegó la noche, me recosté a disfrutar de las luces que entran de la avenida e iluminan el cuarto como si hubiera una feria en el marco de la ventana.

—Z, ¿dónde estás?

—Dame chance, déjame terminar…. Puse la radio, siempre he necesitado de la música para sentirme acompañado. Ya sabes, me entiendo mejor con la música que con mis semejantes, mi madre siempre me recrimina que no me esfuerce. El caso es que después de un rato dormitando, cuando la música y los comentarios pasaron a ser un arrullo, como el sonido de la lluvia, escuché un chasquido, como si una burbuja reventara en mi oído. Cerré los ojos, una pesadez me apresaba contra el colchón, sentí un cosquilleo en el paladar. “Estás dispuesto” la pregunta venía de una voz articulada por una corriente eléctrica. Cerré los ojos pensando que era uno de mis frecuentes devaneos, pero volvió, llegó nuevamente, como una idea maravillosa, de esas que iluminan tu mente, que te confortan.

—El otro día me encontré con tu padre, me preguntó por ti. Dice que últimamente lo evitas —JC buscaba cambiar el tema, alejar a Z de sus desvaríos— ¿Estás molesto con él?

Z, chasqueó la lengua y antes de contestar encendió un cigarro.

—Prefiero evitarlo, me cansé de ser el blanco perfecto para el desahogo de sus frustraciones. Te preguntó por mí no porque le interese, lo hace para cuidar su imagen. Desde que tengo memoria soy su desgracia, el hijo sensible y sin carácter que tanto le avergüenza. El afeminado que vive encerrado, escondiéndose detrás de la música, para fugarse de la realidad, viviendo en su mundo de fantasía. Todas las noches me obligaba a sentarme a la mesa mientras cenaba, sólo para ignorarme, y ante su indiferencia sentía como me empequeñecía en la silla hasta desaparecer. Nos hizo un favor a mi madre y a mí cuando se largó a vivir con su secretaria. Hay muchas clases de abuso, él no necesitaba de los golpes, lo suyo era hacerte sentir menos que nada. Mi madre lo soporta a cambio de una supuesta pensión, que nos lanza como migajas para tranquilizar su conciencia, por mí que chingue a su madre.

—Te interrumpí y cambié el tema, disculpa —JC trató de rectificar, se había equivocado, los matices en la voz de Z confirmaban lo mucho que le afectaba hablar de su padre, era preferible hablar con el Z fantasioso que con el Z enojado— cuéntame, ¿qué te decía la voz de la radio?

—Me preguntó que si estaba preparado. Dudé unos segundos antes de pedirle que me dijera quién era. Él, me contestó que era muchas cosas, que necesitaría tiempo para ponerlo en términos que yo pudiera entender, pero que para fines prácticos le considerara un ser estelar, y conectaba conmigo porque necesitaba de alguien que le ayudara a transmitir su mensaje.

—¿Y cómo te eligió? ¿Y cómo es que entendiste el mensaje, habla nuestro idioma?

—Me dijo que me encontró, como una pequeña luz que parpadea en un enorme tablero, una pequeña luz, que, sin saberlo, estaba ahí para cumplir con una misión. Su mensaje no fue expresado con palabras, llegó como una brisa que toca la piel, como un susurro lejano, como una semilla que encontró tierra fértil. No puedes entenderlo con un proceso mental voluntario. Debes permitirte pensar diferente, olvidarte de los filtros de la lógica, para que el mensaje pueda llegar a lo más profundo de tu subconsciente y que sean tus emociones y sentimientos los que te muestren el camino. Es por eso que él me necesita para ser su mensajero, yo ya estoy en sintonía. Si él enviara el mensaje en una forma colectiva, más directa, causaría pánico y locura entre la mayoría de la gente. Por eso espera, por eso es paciente. Es como si quisieras comunicarte e intercambiar ideas con un bebé, tiene todo en su cerebro para hacerlo, pero no ha aprendido cómo, necesita tiempo y práctica.

—Z, ¿desde hace cuánto no tomas el medicamento? Tu madre me dijo que dejaste la Risperidona, que encontró los frascos intactos en el fondo del clóset.

—Esa porquería solamente castraba mi creatividad. El médico me la daba a petición de mi padre, para narcotizarme y convertirme en el modelo de hijo que siempre soñó. Si bien, no puedo reparar el daño que me causaron, porque mis inseguridades son las cicatrices de sus cuestionamientos, no voy a permitir jamás que alguien me vuelva a cuestionar. Te llamé porque creí que eras una persona diferente, pero me doy cuenta de que me equivoqué. Disculpa por despertarte con mis locuras.

—Z, quiero que me perdones por lo del otro día.

—…

—Perdóname, por haberte pegado. Últimamente me he comportado como un imbécil —al otro lado de la línea se escuchó un sollozo— tengo dificultades para controlarme, y el alcohol no ayuda. No debí pegarte, eres mi único amigo.

—No solamente es tu culpa. Yo me equivoqué… pensé que tú y yo, confundí las cosas y quise creer que el afecto que muestras hacia mí era de otro tipo, ¡es que me siento terriblemente solo!

—No estás solo, aleja esos pensamientos, no te agobies más. No me terminaste de explicar, sobre la espera de él, del ser estelar. ¿Cómo lo llamarías, tiene algún nombre?

—Se llama S y su mensaje es un mensaje de esperanza, una vez que nuestras mentes se sincronicen, todos los miedos, todos los prejuicios terminarán, y daremos un paso adelante. Seremos como él —Z abrió la ventana sintiendo el frío de la madrugada en su rostro, no pudo evitar sonreír— me vuelve a llamar, siento nuevamente su embeleso. Ahora lo puedo ver, es una hermosa y brillante estrella azul que se acerca lentamente a mi ventana. Sé que si quisiera, extendiendo mi mano, podría llegar a él y bañarme con su luz, y dejar atrás el sufrimiento, hacernos uno y olvidarme de la soledad.

—Z, quiero verte. Aléjate de la ventana —JC sosteniendo con el hombro el auricular jaló los pantalones, trataba de evitar que su voz exhibiera su preocupación— me estoy vistiendo, dame la dirección del hotel, tenemos que platicar en persona.

—¿No lo escuchas? Está aquí por mí. Siento que mi cuerpo se aligera, mis sentidos iluminan la noche, mi lugar está arriba, me voy a desprender de todo mi pasado y elevarme como un cometa y cruzar el firmamento.

—¡Z, dame la dirección!, ¡aléjate de la ventana! Tengo que verte, decirte que tenías razón: te quiero. Necesito decírtelo mirándote a los ojos.

—JC, no es necesario que mientas. No te preocupes por mí, voy a estar bien.

—¡Carajo! Dame cinco minutos. Ya estoy vestido. ¡Por favor, dame la dirección!

—Si quieres verme, me puedes encontrar en el cielo. Búscame y haré parpadear una estrella para ti.

Lee el resto de los bonus tracks. 

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