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«Si no contamos la historia ahora, no sé cómo se narrará en 20 años». Rae Kushner, abuela de Jared Kushner, el yerno de Trump, expresaba en 1996 su preocupación por cómo se relataría la huida de los supervivientes del Holocausto como ella. Poco más de dos décadas después, su historia y la de su familia sale a la luz en el libro  ‘Oligarquías americanas: los Kushner, los Trump, y el Matrimonio de Dinero y Poder’. 

La autora Andrea Bernstein publica la biografía de dos de las familias más poderosas del mundo. De sus humildes orígenes a ir de la mano hasta lograr la presidencia de Donald Trump. Dos familias ahora unidas cuyos pasados están protagonizados por un éxito que alcanzaron mediante mentiras y contradicciones.

Se trata de dos linajes que tienen en común su pasado inmigrante marcado por la Segunda Guerra Mundial. Los Kushner tuvieron que huir de Polonia por las acciones del nazismo. Es por ello que Rae Kushner, que tenía entonces 83 años, durante la entrevista a USC Shoah Foundation, advertía: «Ahora todavía tenemos la fuerza y el poder para advertir al resto del mundo de que tenga cuidado de quién está liderando su gobierno«.

Rae Kushner Kushner 

El apellido de soltera de Rae y el de casada eran el mismo, según afirmaba en la entrevista, con lo que uno se repetía tras el otro. Lo cierto es que su marido no se apellidaba así originalmente y tuvo que cambiárselo, haciéndose pasar por el hijo de su suegro, el padre de Rae, para poder acceder a Estados Unidos y sobrevivir. 

Yossel Berkowitz (más tarde Joseph Kushner) y Rae se habían conocido en Budapest antes de la Segunda Guerra Mundial. Tuvieron que dormir en agujeros en el suelo tapados por árboles para escapar de los nazis. Ambos sobrevivieron tras tener que vivir en el gueto de Novogrudok y se encontraron en Budapest huyendo de la Unión Soviética.

Tras varios años en Italia, en 1949, quisieron ir a Estados Unidos y las leyes favorecían la entrada de padres e hijos por encima de matrimonios. Por esa razón Yossel tomó el apellido de su suegro (y cambió su nombre por Joseph) y dijeron que llegaban desde Alemania y no Polonia. A los soldados rusos les habían dicho que eran griegos para abandonar la Unión Soviética.

Una organización sin ánimo de lucro encontró trabajo al renombrado Joseph en Nueva Jersey como carpintero. Esta profesión estaba siendo muy demandada por los trabajos de reconstrucción tras la guerra. A los más exitosos se les denominó ‘Los constructores del Holocausto’.

Poco a poco comenzaron a amasar una fortuna y en 1985, cuando Joseph murió, había construido cuatro mil casas. Charlie, su hijo y padre de Jared, dio una vuelta de tuerca al negocio y pasó de centrarse en la construcción a dedicarse también a la adquisición, la administración y las deudas sobre las construcciones. Este dinero fue el que la familia usó para donar dinero a Harvard (hasta 2,5 millones de dólares) cuando Jared fue a estudiar allí.

Enfrentamiento familiar

El hermano de Charlie, Murray, tenía su propio negocio, pero estaba vinculado al de Charlie por fideicomisos usados para minimizar impuestos. Charlie estuvo usando dinero de la empresa para ocio privado, alcohol, vacaciones e incluso para entradas para los New Jersey Nets de la NBA. Una malversación por la que Murray le denunció.

De la demanda se ocupó el fiscal de los Estados Unidos para Nueva Jersey, Chris Christie, que empezó a investigar las empresas relacionadas.

Charlie pensó que Murray y la hermana de ambos, Esther, estaban ayudando al fiscal. Por ello llamó a Jimmy O’Toole, capitán de policía en Nueva Jersey cerca de retirarse. Le pidió que llamara a Susanna, una prostituta de alto ‘standing’, para que organizara un encuentro en un hotel con Billy Schulder, marido de Esther, y grabarles. Le señaló que comentase a Susanna que «iba de parte de John». El vídeo se lo mandó Charlie a su hermana.

Esto provocó que el fiscal le acusara de manipulación de testigos y fraude fiscal, entre otros delitos. Inicialmente fue declarado inocente pero el fiscal encontró nuevos cargos: descubrió que había estado viviendo una doble vida durante años bajo el nombre de John Hess. Acudía a Nueva Jersey para contratar los servicios de Susanna.

Con las nuevas acusaciones, Charlie aceptó una pena de dos años de cárcel, de los que sólo cumplió uno, en lo que fue un golpe para la reputación de la familia. El fiscal Christie dijo años más tarde que fueron «los crímenes más repugnantes» que persiguió en su cargo, además de asegurar que Kushner había cometido más delitos de los que no podía hablar.

Cuando Trump llegó al poder en 2016, Jared Kushner, que iba de su mano, demostró que no aceptaba la condena a su padre, alegando que había sido víctima de un complot familiar. Christie fue despedido inmediatamente, acusado de actuar «inmoral e inapropiadamente» por Jared, pero «sin aportar datos», en palabras del hasta entonces fiscal.

Matrimonio poderoso

La familia Kushner y la Trump se unieron cuando Jared se casó en 2009 con Ivanka. Fue en el mismo año en el que expandió sus propiedades comprando The New York Observer.

Los dos linajes tienen ciertas similitudes. Como los Kushner, los Trump también habían mentido sobre su origen. Y lo han hecho durante años. Frederick Trump llegó desde Alemania en 1885 cuando tenía 16 años y empezó a trabajar como peluquero. Hablaba alemán con su mujer en casa pero durante la guerra ocultó, como los Kushner, su procedencia, asegurando que era sueco.

Esa mentira la mantuvo su hijo Fred, y más tarde el propio Donald Trump. Se convirtió en un auténtico mito familiar. Un engaño que incluso se quiso mantener durante el funeral de Fred. El actual presidente siempre tiene buenas palabras para la gente los países de Escandinavia, evidenciando que le gusta su origen ‘fake’.

Donaciones a demócratas

No es la única coincidencia entre ambas familias. Ni la única contradicción. A mediados de los 80, la familia Kushner, en su camino por establecer conexiones con el poder político, realizó fuertes donaciones al Partido Demócrata. Y estrechó relaciones con el Madison Club, con un fuerte nexo con el partido y con control absoluto sobre muchos políticos.

El propio Jared Kushner continúo haciendo donaciones al partido. La primera, con once años. Incluso aportó fondos para la campaña de Hillary Clinton en 2008. Algo que fue cambiando con los años, cambiando su orientación política hasta pasar a estar en la campaña de Trump en 2015.

No extraña pues el casamiento de su familia con los Trump. No hace tanto tiempo, en 2011, el propio Donald Trump donó 5.000 dólares para la campaña de Kamala Harris como fiscal general de California. Un tipo de donaciones que había aprendido de su padre, que ofrecía dinero a políticos para ganarse su favor, según la autora del libro, Andrea Bernstein.

Otra paradoja que une a ambas familias es que, a pesar de su origen inmigrante, mantengan en la actualidad una política tan agresiva respecto al tema. Él ha sido el arquitecto de muchas de las propuestas de inmigración de la Casa Blanca y Trump le encargó a Jared que analizara el el sistema de inmigración del país. Actualmente Kushner  supervisa el desarrollo del muro fronterizo con México.

En una entrevista con Axios, una serie documental de HBO, Kushner afirmaba que «hay 65 millones de refugiados en el mundo y no puedes hacer que todos entren en tu país». Unas palabras y una visión en un sentido muy difetente a las pronunciadas por su abuela hace casi 25 años.

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