Guayanilla – El reloj se acercaba a las cuatro de la tarde cuando el teléfono de Diabel Colón sonaba de manera parecida a una alarma.

“Viene otro”, dijo la oficial a cargo de los temas de seguridad y cumplimiento en la central Costa Sur de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), en referencia a uno de, por lo menos, tres temblores que se registraron ayer en este municipio y que hacían que las parrillas de las escaleras, barandales, tuberías y tanques de la instalación emitieran diversidad de chirridos.

Uno de los temblores resultó tan fuerte que el director ejecutivo de la AEE, José Ortiz; el director de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), Alex Amparo, y los ingenieros a cargo de Costa Sur salieron corriendo del área donde se ubican varias de las calderas de la maciza infraestructura mohosa que se impone frente al mar Caribe.

Pero, según los empleados de la AEE que llevan una vida en Costa Sur, ninguno de los temblores experimentados por esta reportera y el fotoperiodista Juan Luis Martínez fueron tan fuertes como los dos terremotos ocurridos la madrugada y la mañana del martes y que hirieron de muerte a la principal central generatriz de la AEE.

La herida fue de tal magnitud que, por segunda vez luego del huracán María en 2017, Puerto Rico quedó a oscuras, y hoy -dos días después del movimiento telúrico- dos de cada tres abonados continúan sin servicio. En el mejor de los casos, estos tendrían electricidad este fin de semana, según Ortiz.



Sobre todo y además de provocar que uno de los trabajadores de la AEE quedara atrapado bajo los escombros al recibir heridas considerables, el terremoto que afectó Costa Sur detuvo lo que podría describirse como el corazón de la flota generatriz de Puerto Rico.

Los daños estructurales en Costa Sur son tan severos que, según Ortiz, tomará como “mínimo” un año para encender la central que aporta alrededor de una cuarta parte de la demanda eléctrica que necesitan los hogares, comercios e industrias que operan en Puerto Rico.

“Con este terremoto, Puerto Rico ha perdido su principal activo de generación”, admitió Ortiz.

“Vamos a estar al ras entre lo que podamos generar y la demanda que tenemos”, explicó el ingeniero.

¿Qué pasó?

Según Ortiz, cuando el pasado martes, a eso de las cuatro y treinta de la madrugada, el terremoto de 6.4 grados estremeció el barrio de Tallaboa, muy cerca de donde se ubica Costa Sur, los sistemas de autoprotección de la generatriz detuvieron la producción de electricidad. Ello provocó una reacción en cadena en el resto de las unidades generatrices ubicadas en municipios tan distantes del epicentro del terremoto como Mayagüez, Salinas, San Juan o Arecibo.



Cuando las unidades generatrices salen de servicio, agregó el ingeniero, se enfrían y reiniciar cada una puede tomar entre ocho y 10 horas.

El recorrido ofrece una idea del saldo del terremoto. Las calderas donde se procesa el agua para generar electricidad se movieron de sus bases y se inclinaron como si fueran las piezas gigantes del juego de construcción Lego. En una de las turbinas, se abrió una fisura, dando paso a un hilo de aceite y a un charco anaranjado rojizo de un tamaño parecido a una media cancha de baloncesto.

En los aleros y balcones que se alzan hacia el cielo y rodean las turbinas, se apreciaba el saldo de lo que debió parecer -en medio de la oscuridad- una lluvia de pedazos de concreto y del metal que se desprendió de las tuberías. En la consola, que podría describirse como el corazón de la generatriz, el plafón se desplomó, los paneles de control, monitores, armarios y torres de los sistemas de computación se desplazaron al tiempo que se apreciaba la pared de bloques que aplastó parcialmente al obrero accidentado.

Según el jefe de Costa Sur, Ramón Aguilar, el terremoto hizo que cediera la zapata de un helipuerto en construcción, la planta desmineralizada sufrió daños severos y uno de los tanques de 500,000 galones de agua se desplazó varios grados al norte, perdiéndose el líquido que tantos hogares no tienen, precisamente, por falta de electricidad.

Un sistema interconectado

En síntesis, según Ortiz, los daños ocasionados a Costa Sur muestran el lado malo de un sistema interconectado.

Con un sistema interconectado, si una unidad sale de servicio, el abonado podría continuar recibiendo luz desde otra generatriz sin apreciar la falla. Pero una falla en uno de los componentes podría dejar a oscuras a 3.3 millones de residentes y eso se revive hoy.

En 2017, con el huracán María, Puerto Rico quedó a oscuras porque sus redes de transmisión y distribución interconectadas se cayeron. Ese golpe, costóal menos $5,000 millones que fueron pagados por el gobierno federal y que tardó un año en asimilarse.

Ahora, el terremoto afectó el sistema de generación de la AEE.

Así las cosas, para conseguir generar los 2,300 megavatios que necesita Puerto Rico, la AEE tendrá que depender más que nunca de la electricidad que puedan venderle las generatrices privadas EcoEléctrica y AES, que ayer, todavía, no estaban en operación.

Asimismo, la AEE tendrá que depender de aquellas unidades como Palo Seco y Cambalache y otras que antes se apagaron por ineficientes y por operar con diésel o el llamado “Bunker 6”, un combustible más sucio y con toda probabilidad más caro, a raíz de la situación política entre Estados Unidos e Irán y otros países el Medio Oriente.

Ayer, Ortiz y su equipo recorrían Costa Sur junto al jefe de FEMA en Puerto Rico con la expectativa de que la agencia federal brinde apoyo financiero para la reconstrucción de la generatriz.

De igual forma, Ortiz conversaba con el presidente de la Junta de Supervisión Fiscal (JSF), José B. Carrión, para ofrecerle una actualización de los trabajos.

Pero, acto seguido, y mientras se movía la tierra en Costa Sur una y otra vez, Ortiz admitió que sería “muy difícil” comenzar a reconstruir mientras continuaran los temblores.

Asimismo, la AEE tendrá que reconstruir Costa Sur sin que todavía haya cobrado la totalidad de su reclamación de seguros por los daños ocasionados por el huracán María.



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