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La dieta cetogénica ha sido calificada como una de las dietas de moda que ha tenido su momento de gloria en los últimos años pero que no deja de ser una «dieta – milagro». Se obviaba, así, que se trata de una propuesta alimentaria que data de hace más de 100 años y que se ideó -y así se sigue utilizando- para los niños epilépticos, al demostrarse que mejoraba a los pacientes pediátricos de esta enfermedad. 

Pero a pesar de que diversos estudios han demostrado que esta dieta es segura y eficaz frente a esta patología, no estaba tan claro que lo fuera para la indicación que más popularidad le ha otorgado: la pérdida de peso

Un estudio publicado recientemente en la revista Reviews in Endocrine and Metabolic Disease lo ha hecho por fin, pero con ciertos peros. La revisión la ha destacado en su Twitter el dietista-nutricionista Pablo Zumaquero, que afirma que esta pauta alimentaria mejora casi todos los parámetros de salud y se mantiene estable hasta en estudios de 2 años. 

Si hay algo que destaca de este estudio -y que señala Zumaquero- es que la dieta cetogénica no debe ser la primera opción para alguien que quiera perder unos kilos de más. «La estrategia sólo debe ser considerada en pacientes seleccionados, como parte de un esquema multifactorial y bajo estricta supervisión médica», escriben los autores.

Otro de los detalles más importantes de este metanálisis es que define qué tipo de dieta cetogénica es la evaluada y, por tanto, la que obtiene ese ansiado «visto bueno». Se trata de la dieta cetogénica muy baja en calorías, que va mucho más allá del «dejar de lado los carbohidratos» con lo que la identifica la mayoría de la población. 

Son tres fases

La cetogénica muy baja en calorías (VLCKD, de sus siglas en inglés) tiene tres fases, algo que seguramente también desconozca mucha gente. En primer lugar, se comienza con una fase activa, seguida por una estabilización metabólica y una etapa de mantenimiento. 

La primera fase es la más dura. Se mantiene alrededor de tres meses y se consumen entre 700 y 800 kilocalorías al día y entre 30 y 50 gramos de carbohidratos al día, lo que supone entre el 13 y el 25% de las calorías diarias consumidas. A esto se le añaden entre 8,8 y 1,2 gramos al día por kilo del peso ideal de proteínas.

Así, se consigue incrementar la producción de cuerpos cetónicos por parte del hígado y, por tanto, entrar en cetosis, lo que es responsable del efecto anorexigéno [supresor del apetito] de la dieta que se asocia al estímulo motivacional y posterior adherencia a la misma. 

Aumento progresivo

A continuación, viene una segunda parte de la primera fase en la que se van reintroduciendo gradualmente las proteínas, pero todavía se mantienen las calorías muy bajas, en los mismos niveles que en la fase de inducción. 

En la segunda y tercera fase, las calorías y los carbohidratos se van aumentando a la vez que la ingesta de calorías, que pasa de ser baja, es decir, entre 800 y 1.550 kilocalorías diarias  a la habitual, entre 1.500 y 2.250. 

Lo que los investigadores han observado, y resalta también en su Twitter el experto español es que, frente a cualquier duda, la dieta cetogénica planteada en estos términos es eficaz, es decir, funciona

Así, la revisión de 12 estudios ya publicados demuestra que esta dieta consigue una pérdida de una media de 10 kilos, que se logra en la primera fase de cetosis de hasta cuatro semanas pero que, lo más importante, se mantiene estable durante los dos años siguientes, cuando la gente ya hace una dieta equilibrada normal. 

Además, se reduce el índice de masa corporal (IMC), la circunferencia de la cintura, el colesterol total, los triglicéridos y la presión sanguínea. Así, concluyen los autores, la revisión apoya el uso de VLCKD como una estrategia eficaz para el manejo del sobrepeso y la obesidad. «Las futuras guías de práctica clínica deben incluir recomendaciones específicas para esta intervención», cierran. 

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