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“Para conseguir la reelección, Barack Obama declarará la guerra a Irán”. Firmado: Donald Trump. Era noviembre de 2011 y el magnate de los negocios tuiteaba compulsivamente contra el presidente y su política internacional. “No tiene absolutamente ninguna habilidad para negociar, es débil e incapaz”, sentenciaba sobre las capacidades diplomáticas del demócrata.

Nueve años después, es el millonario Trump el que afronta su reelección como presidente de EEUU en plena escalada de tensión con Irán. A diferencia de su antecesor en el cargo, Trump se ha empleado a fondo en tensar la cuerda con Teherán y ha aparcado por completo su promesa electoral de poner “América primero” y dejar de ser “la policía de Oriente Próximo”.

Con un proceso de impeachment por abuso de poder y obstrucción a la Justicia, el magnate republicano parece decidido a cambiar la agenda de este año electoral con una estrategia: agitar la bandera y el miedo a una guerra con Irán para ganar apoyos y atar su segundo mandato. «Hay evidencias de un efecto patriótico, cuando los estadounidenses se enfrentan a un conflicto bélico, crece el apoyo al presidente que lidera esa guerra», analizaba Ethan Porter, profesor de Relaciones Públicas en la Universidad George Washington.

Cambio de discurso

La excéntrica y extensa hemeroteca de Trump evidencia las contradicciones sobre sus verdaderas intenciones con la operación para eliminar al general Soleimani, una maniobra en teoría destinada a “parar una guerra” pero que podría ser el chispazo para iniciar otra en la inestable región.

“Al contrario que otros candidatos, el ataque y la guerra no será mi primer instinto. No puede haber política exterior sin diplomacia”, prometía en un discurso en abril de 2016 durante las primarias republicanas. “Hillary Clinton tiene el gatillo fácil”, llegó a decir sobre su rival y la estrategia de la anterior administración en Libia.

El Trump candidato abrazó como ninguno la corriente aislacionista que se oponía frontalmente a las intervenciones militares en el extranjero. Esta “postura pacifista” ha sido una constante en su carrera política y uno de los argumentos con los que ganó la Casa Blanca: “Basta de gastar dinero en reconstruir otros países. Hay que abandonar la política fallida de construir naciones y cambiar regímenes”.

Presidentes en guerra

¿Funcionará esta mutación de presidente “pacifista” a presidente en pie de guerra? Las consecuencias del golpe de efecto de la muerte de Soleimani pueden haberse diluido para noviembre, cuando se celebrarán las elecciones. Es lo que le pasó a George Bush padre con la primera guerra del Golfo. El republicano consiguió armar una coalición internacional que echó a Sadam Hussein de Kuwait en 1990 pero perdió la reelección contra Bill Clinton, que consiguió cambiar el foco de atención hacia la maltrecha situación económica.

El propio Clinton hizo una jugada muy parecida en su segundo mandato. En 1998, cuando su proceso de impeachment subía de intensidad, el demócrata lanzó un ataque aéreo sobre Irak como cortina de humo. Al contrario que su padre, George W. Bush logró su reelección en 2004, mientras EEUU lidiaba con los conflictos militares de Irak y Afganistán

“Si Trump está haciendo todo esto en clave electoral es demasiado pronto para saber si conseguirá su objetivo”, ha advertido Ethan Porter en una entrevista con The Middle East Eye. “Estar en el poder le da una ventaja competitiva, la mayoría de presidentes logran la reelección gracias al poder de tener al Ejército a su disposición”, añade.

Al margen de las provocaciones y de los juegos de guerra entre Trump e Irán, la mayoría de los estadounidenses no quiere un conflicto bélico. Un sondeo de Gallup del pasado mes de agosto mostraba a un 78% de los encuestados partidarios de una solución no militar para lidiar con el programa nuclear iraní. “Lo que pase en los próximos días con el conflicto podría cambiar la opinión pública”, advierte Porter.

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