Noticias relacionadas

El ayuno intermitente se ha convertido en una tendencia dietética cuyos beneficios parecen estar aumentando de forma exponencial. Aunque lo que realmente está sucediendo es que cada vez se están realizando más investigaciones respecto a dicho método alimentario.

De hecho, una revisión recientemente publicada en The New England Journal of Medicine ha podido analizar una serie de investigaciones al respecto, incluyendo tanto estudios realizados en animales como ensayos clínicos en humanos, y teniendo en cuenta los diversos tipos de ayuno que se conocen, y sus potenciales beneficios.

El ayuno intermitente ha ido cobrando importancia durante los últimos años, viviendo su mayor auge durante los últimos 3-4 años. Sin embargo, los científicos llevan estudiando esta tendencia dietética desde hace décadas, con el objetivo de vislumbrar los efectos de una ingesta calórica irregular en animales, y ahora también en humanos.

Para Mark Mattson, autor principal del nuevo trabajo y neurocientífico de la Universidad Johns Hopkins, la clave está en un proceso llamado cambio metabólico.

Este proceso explicaría como un organismo, al carecer de alimentos, cambia la forma en la que produce energía, cambiando el uso de glucosa (fácilmente accesible a través de los alimentos) hacia la cetogénesis, donde se crean los llamados cuerpos cetónicos a través de la conversión de las reservas de grasa, un proceso que también caracteriza a la dieta cetogénica.

Todo este proceso donde se produce un cambio en la producción de energía es el cambio metabólico, e ir intercambiando los estados metabólicos de forma frecuente sería lo que daría lugar a los beneficios saludables del ayuno intermitente, según Mattson y sus colegas: «La alternancia periódica entre un metabolismo habitual y el cambio metabólico no solo proporciona las cetonas, necesarias para alimentar a las células durante el ayuno, sino que también provoca respuestas sistémicas y celulares altamente orquestadas que dan lugar a un refuerzo del rendimiento mental y físico, así como resistencia a las enfermedades»

Tal y como se expone en la revisión, los beneficios del ayuno intermitente abarcarían hasta cinco categorías:

Mejoras cognitivas: El ayuno intermitente aumentaría la memoria asociativa, memoria espacial y memoria de trabajo en animales, y también la memoria verbal en adultos.

Mejoras en salud cardiovascular: El ayuno intermitente mejoraría la tensión arterial y la frecuencia cardíaca en reposo, reduciendo así el riesgo cardiovascular general.

Mejoras en la actividad física: El ayuno intermitente de 16 horas habría demostrado ayudar a reducir masa grasa, manteniendo la misma masa muscular, en hombres jóvenes. Así mismo, en ratones de laboratorio, realizar ayuno a días alternos aumentaría su resistencia en carrera.

Mejoras en diabetes y obesidad: El ayuno intermitente ayudaría a prevenir la obesidad en animales, y habría demostrado ser un método efectivo para la pérdida de peso en individuos adultos.

Mejoras en la cicatrización: El ayuno intermitente reduciría los daños en tejidos y la recuperación tras intervenciones quirúrgicas, al menos en animales.

Qué tipo de ayuno intermitente es mejor

En la revisión se dividieron los tipos de ayuno en dos grandes grupos: ayuno a días alternos y alimentación con restricción de tiempo. El ayuno a días alternos implicaría una restricción calórica significativa en un día o más cada semana, mientras que la restricción por tiempo implicaría ayunar durante un número determinado de horas durante un ciclo de 24 horas.

Un ejemplo del ayuno a días alternos es el método 5:2, donde se ayuna o se restringe drásticamente el consumo calórico durante 2 días a la semana, no contiguos entre ellos. Por su parte, respecto a la restricción por tiempo, el más común es el régimen 16:8, donde se ayuna durante 16 horas y solo se consumen alimentos durante un periodo de 8 horas cada día.

A día de hoy no está claro cuál es el régimen ideal de ayuno intermitente. De momento se sabe, según sugiere esta nueva revisión, que los cuerpos cetónicos empiezan a elevarse en las primeras 8-12 horas de ayuno, lo que sugeriría que los métodos de alimentación por restricción de tiempo podrían ser efectivos por sí mismos para obtener beneficios para la salud, implicando un cambio metabólico real, sin precisar llegar a las 24 horas de ayuno totales.

Por tanto, según comentan los investigadores, el régimen de ayuno 16:8 sería una manera fácil de implementar un ayuno intermitente. Y, de hecho, un estudio reciente ha llegado a sugerir que un periodo de 14 horas de ayuno al día ya confiere beneficios significativos para la salud.

Así pues, tanto Mattson como su coautor Rafael de Cabo sugieren en su revisión que los médicos deberían implementar estrategias dietéticas que incluyan el ayuno intermitente en sus tratamientos generales en varios ámbitos, desde aquellos pacientes con riesgo cardiovascular elevado, hasta aquellos en peligro de sufrir demencia o en los que se busque reducir el avance de la misma. De hecho, la misma revisión describe el aumento gradual de los periodos de ayuno durante varios meses, para lograr mejores objetivos con el paso del tiempo.

Aunque, eso sí, recuerdan que debe advertirse a los pacientes que la sensación de hambre e irritabilidad es común al principio, y suele cesar tras el paso de 2-4 semanas, cuando el organismo se acostumbra a realizar este tipo de ayuno.

Finalmente, el artículo puntualiza que aún queda mucho por investigar al respecto del ayuno intermitente, pero que cada vez está más claro que nuestra disponibilidad constante de alimentos no parece ser la mejor forma de alimentarnos: las recomendaciones de 5 comidas al día están obsoletas, pero queda mucho por clarificar.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here