Margarita Salas (Canero, Asturias, 1938) falleció en Madrid el 7 de noviembre.

-Se doctoró en Bioquímica por la Universidad Complutense de Madrid en 1963. Trabajó tres años en la Universidad de Nueva York con el Premio Nobel Severo Ochoa. A su regreso a España, en 1967, fundó el primer grupo de investigación en genética molecular del país en el CSIC, donde trabajó hasta el año 1977. El mayor logro de su trayectoria fue el descubrimiento de la ADN polimerasa del virus bacteriófago phi29, que tiene una aplicación crucial en biotecnología. Además, esta tecnología ha sido además la patente más rentable del CSIC. Fue además miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y miembro de la Real Academia Española, donde ocupó el sillón i.

-Entre otros reconocimientos, recibió el Premio Jaime I (1994); el Premio Nacional de Investigación Ramón y Cajal (1999) y el Premio Inventor Europeo (2019).

-Casada con el químico y biólogo molecular Eladio Viñuela Díaz, fallecido en 1999 y con quien tuvo a su hija Lucía.

Para recordar

Conoció a Severo Ochoa comiendo una paella. Ella era una joven estudiante que a raíz de ese contacto quedó prendada de la bioquímica hasta tal punto que, tras completar su tesis en Madrid bajo la dirección de Alberto Sols, acabó en el laboratorio de Ochoa en Nueva York en 1963 acompañada por su marido, el también investigador Eladio Viñuela.

El matrimonio regresó a España cuatro años después y pudieron seguir con su trabajo científico gracias a una ayuda que obtuvieron en Estados Unidos. Salas fundó el primer grupo de investigación en genética molecular de España y desde hace años su carrera ha estado ligada al Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. A pesar de que ya era octogenaria, allí seguía acudiendo como profesora ad honorem.

Al contrario de lo que era habitual en su época y sigue ocurriendo hoy en día, fue el marido el que se apartó para que la esposa siguiera adelante. Eso no le impidió denunciar que en sus inicios fue discriminada por ser mujer, ya que se pensaba que las féminas no servían para la investigación. Por eso su testimonio tenía más valor cuando se hablaba de mujer y ciencia.

Uno de los aspectos menos comentados era su pertenencia a la RAE, rompiendo esa frontera difusa entre las letras y las ciencias. Quizá una de sus últimas aportaciones como miembro de la Comisión de Vocabulario Científico y Técnico haya sido ganar una pequeña batalla contra las pseudociencias, ya que después de 167 años la Real Academia ha dejado de denominar a la homeopatía «sistema curativo» para dejarla como simple «práctica».

Tampoco pasa por alto que no obtuvo el Nobel, algo harto complicado, pero tampoco el Príncipe de Asturias -ahora Princesa de Asturias-, que se entrega en su tierra.

Su vida en imágenes





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