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Sinagogas en toda Europa empiezan a blindarse. Los ataques antisemitas, lejos de remitir, se suceden salpicados mes a mes, en grandes y pequeñas localidades, con gran eco en redes sociales, en foros, donde nuevos ejecutores aguardan. El suceso más dramático este 2019 ocurrió en Alemania.

La respuesta de numerosos templos ha sido comenzar a identificar a todas y cada una de las personas que accede. Así ocurre, ha trascendido, en la sinagoga de Groninga, en Holanda, a la que sólo se puede entrar con invitación. Cualquier nuevo miembro tendrá que superar la correspondiente burocracia.

Sucede también que los servicios ya no son públicos, no se anuncian a nadie que no forme parte de los rostros conocidos y de confianza. Además, estos fieles están avisados para estar atentos ante individuos de los que sospechen o que puedan suponer una amenaza. Cualquier precaución es poca en el actual estado de alerta.

Además de la seguridad que se procura la propia comunidad, la policía vigila durante los servicios. 

Halle, 10 de octubre

El 10 de octubre, un joven de 27 años, Stephan Balliet, trató de irrumpir con indumentaria militar en una sinagoga en la ciudad alemana de Halle durante la festividad judía de Yom Kippur. No lo logró y disparó en el exterior, matando a dos personas. Acto seguido, se dirigió a un establecimiento de comida turca, donde siguió disparando.

Se sabe su recorrido y sus palabras, insultos a judíos y extranjeros y de negación del Holocausto, porque todo ello fue emitido en directo por el propio tirador, al estilo de Brenton Tarrant, que en 2018 mató a 49 inocentes en dos mezquitas en Nueva Zelanda. Tarrant, a su vez, emulaba a Anders Breivik, el asesino de 77 personas en Noruega en julio de 2011.

A Balliet, Tarrant y Breivik les une la extrema derecha, pero también el nulo arrepentimiento y la obsesión por ser héroes para posibles continuadores en cualquier lugar del planeta.

Tumbas profanadas

Las acciones antisemitas siguen sucediéndose en preocupante aumento, como la veintena de tumbas del viejo cementerio judío de la localidad de Rajec, al norte de Eslovaquia, profanadas sólo este mes. Semanas antes, en otro cementerio, también en la zona de Zilina, 50 tumbas fueron dañadas.

«El problema no es tanto el daño material, ya que estas lápidas, con excepción de dos, pueden ser levantadas de nuevo. Es un asunto moral, el cementerio está en las afueras de la ciudad, muy poca gente lo visita. Es decir, los que hicieron esto fueron a propósito a romper las lápidas y hacer daño a los fallecidos», declaró el presidente de la comunidad judía de Zilina, Pavol Frankl, a la agencia local TASR.

Al otro lado del Atlántico las cosas no son muy diferentes. La policía de Nueva York informó este jueves de que investiga cuatro agresiones antisemitas en Brooklyn y Manhattan en poco más de 24 horas, un delito que ha incrementado la preocupación sobre la seguridad de este colectivo.

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