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La Navidad nos trae siempre de vuelta de casa, como el turrón de aquel famoso anuncio. Pero a veces el reencuentro no resulta del todo fácil y agradable para todos: que si las preguntas incómodas de la suegra, que si los chascarrillos del cuñao o las respuestas y medias verdades… Y también la política. Sobre todo, y cómo no, la política.

Como en toda familia y casa que se precie, habrá votantes de todos los gustos y colores, por lo que el debate, si se quiere, está más que servido. Y este año además, se sumará a la tertulia el Cambio Climático y las seguras valoraciones sobre  la archifamosa Greta Thunberg. Así que esperemos que no convirtamos la cena o la comida familiar en nuestro particular congreso. Si no, mal vamos…

Lo mejor es que hagamos un esfuerzo y recordemos que, a pesar de las diferencias, somos una familia que, como todas, ha vivido buenos y malos momentos. Mejor recordar lo bonito y no lo feo, porque ¿para qué volver a lo malo? Mejor lo que une y no separa. Si queremos tener la fiesta en paz, dejemos nuestras diferencias a un lado y hagamos caso a la psicología y a las personas que saben.

Núria Codony, directora del centro Haztúa Psicología Positiva Prosperidad (Madrid) junto a otros psicólogos del centro (Paula Alcalde Remón, Esther Bordallo Iria, Diego Bustamante Leal, Alba Sánchez Olmos y Marisol Martín) ofrecen a EL ESPAÑOL 7 consejos que seguro nos servirán de ayuda en estas fechas.

Cambia de forma de pensar

Una de las cosas más importantes que tenemos que saber y tener muy presente es la siguiente: podemos cambiar nuestros pensamientos. Y solo cambiando nuestros pensamientos, podremos cambiar nuestras emociones.

Así, y según explica Codony, «nuestro pensamiento tiene un efecto directo sobre el organismo. Podría demostrarse de una forma muy sencilla con un típico ejemplo: cierra los ojos e imagínate que tienes delante un limón. Cógelo, tócalo sintiendo su rugosidad, huélelo, ahora, coge un cuchillo y córtalo sintiendo su olor, finalmente, llévatelo a la boca. Probablemente habrás notado que empiezas a salivar como si fuera real; el limón no está delante, pero nuestro cuerpo ha reaccionado como si lo estuviera».

Y esto es lo que pasa también con algunas personas. «Seguramente hayamos tenido experiencias, probablemente no muy agradables con esas personas. Nos han provocado rabia, indefensión, impotencia, etc… Y nuestro cuerpo, al verlas, reacciona igual que reaccionó entonces, a pesar de que no se estén comportando igual. Y esto pasa porque el cerebro aprende para defenderse de experiencias que en su día resultaron nocivas para nosotros. Nuestro pensamiento es el que genera esas emociones desagradables, pero la buena noticia es que podemos cambiarlos. No es un proceso sencillo, porque lo que pensamos depende de nuestras ideas prefijadas«.

Es importante examinar esas ideas e intentar cambiarlas hacia una dirección que nos produzca emociones agradables. «Al principio no es fácil porque eso nos hizo daño en algún momento y tendremos que automatizarlo, pero te aseguro que si te empeñas en ello, obtendrás resultados increíbles», afirma Codony.

Para intentarlo, siéntate a la mesa con ese familiar que te provoca todas esas sensaciones tóxicas. Que no te importe: piensa simplemente: «Esto es así y es su problema, yo no tengo nada que ver con eso, es Navidad y vamos a disfrutar».

Relativiza todo lo que puedas

Sin duda, una de las actitudes que mejor podemos tomar en este tipo de eventos es la de no tomarse las cosas a pecho. Relativiza y quítale importancia. «Tal vez no sea tan importante el comentario que te está molestando tanto. ¿De qué sirve centrarte en eso? Seguramente, si pones la atención exclusivamente ahí lo estés aumentando. Cambia tu foco hacia otras cosas que tengas y que haya a tu alrededor y que no te provoquen esas sensaciones», aconseja la experta en psicología. Mejor mirar hacia otro lado y hacer caso a lo que realmente queremos y nos hace sentirnos bien.

La política no es personal

La política suele ser uno de los temas que provoca más discusiones en las mesas navideñas. Quien más, quien menos habrá tenido más de una bronca y algún disgusto por ella. Quizá este año se acentúe más por el momento en que vivimos. Tres elecciones en un mismo año dan para muchos debates…

«La situación actual del país no acompaña a una sensación de seguridad y confianza. Pero sería importante no tomárselo como algo personal y respetar los ideales de la persona que tenemos delante. Por ello, en lugar de hablar de partidos políticos en concreto, o de personas con nombre y apellido, hablar sobre los ideales, respetando siempre las opiniones opuestas, podría ser una buena opción», apunta Codony.

Acéptalos como son

Es cierto que puede costarnos y a veces es complicado ponerlo en práctica, pero sin duda es importante: «Ya sabemos cómo son las personas con que nos vamos a sentar en la mesa. Respetemos su modo de ser, respetando también el nuestro», afirma la psicóloga.

Disfruta de las oportunidades

Porque al final, es lo que importa: disfrutar de estas fiestas que solo ocurren una vez al año. Es un época que «nos permite encontrarnos con la familia, estar en grupo. El ser humano es un ser social. Por tanto, se hacen fundamentales estas reuniones en familia. No tenemos que olvidar a los niños y niñas, para ellos estas fiestas son especiales y pueden ser inolvidables», afirma la especialista.

La importancia del Aquí y el Ahora

De poco sirven los reproches, solo para enfadarnos y traer al presente esa emoción que se encontraba en el pasado, apunta Codony: «Es importante centrarse en el presente, en disfrutar de este momento. El centrarnos en el ‘ahora mismo’ nos permite disfrutarlo. Es cierto que nuestra mente nos puede llevar a situaciones pasadas o futuras. Si eso ocurre, simplemente tendremos que aceptar que ese pensamiento nos ha venido a la mente, y volver de nuevo al presente viendo lo que tenemos alrededor».

Intenta consumir poco alcohol

Sin duda es uno de los consejos más importantes. «El alcohol es algo que al principio hace que nos sintamos bien, divertidos, relajados, pero si continuamos bebiendo, reduce nuestra capacidad de reacción, nos importa menos lo que hacemos y nos volvemos más agresivos. Y esto hará que estemos a punto para discutir de manera irracional cualquier tema que se nos ponga por delante. Por ello, lo ideal es consumir mínimas cantidades de alcohol», concluye.

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