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El reciente paso de las borrascas Elsa y Fabien por la Península ha dejado imágenes de ríos fuera de cauce, terrenos de cultivo anegados y pueblos inundados por las intensas lluvias. Este ha sido el caso, por ejemplo, de la crecida del río Pisuerga a su paso por Valladolid, que en unas horas duplicó su caudal. En este contexto, al ver pantanos desembalsando agua, como el de Santa Teresa, en Salamanca, puede aparecer la idea poco acertada de que algunos embalses tiran su reserva por el desagüe mientras otros todavía sufren escasez. Pero, ¿qué hay de cierto en esto?

La zona que abarca la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) ha sido una de las más afectadas por las sucesivas borrascas. Esta semana, sus 18 embalses están casi al 84% de su capacidad total, con 2.877 hectómetros cúbicos almacenados, tras ganar 800 hectómetros en diez días, el máximo histórico en esta fecha. Según informa la CHD, los embalses del Duero almacenan más de mil hectómetros cúbicos por encima de la media de los últimos diez años.

«Esto no hace más que corroborar la importante función laminadora de los embalses, al evitar que todo ese volumen retenido discurra por los ríos, aumentando los caudales circulantes y tramos no regulados por embalses», explican a EL ESPAÑOL fuentes de la CHD. 

Así, los pantanos de esta región han retenido más del 90% del agua, laminando por tanto las avenidas (aumento inusual del caudal de agua en un cauce), lo que ha llevado a que el volumen almacenado haya superado en algunos casos el 95% de la capacidad del embalse o incluso el 99%, como ocurrió el pasado jueves pasado en Santa Teresa.

El momento de los desembalses llega después. Como el volumen retenido ha superado los resguardos fijados para estas fechas, a partir del 23 de diciembre, una vez que pasaron las borrascas y que los río van recuperando caudales más habituales, se realizan los desembalses con el objetivo de disminuir el volumen de los mismos hasta el nivel de resguardo definido para estas fechas.

«Todo ello con objeto de que puedan realizar nuevamente su función laminadora en un futuro episodio de crecida. Este año este aspecto cobra mayor importancia al haberse superado los resguardo al comienzo del año hidrológico, con volúmenes embalsados muy por encima de lo habitual en estas fechas», explican las mismas fuentes. 

¿Cómo funcionan los resguardos?

Para cada embalse se define un nivel de resguardo (que se traduce en un volumen de embalse libre) en cada época del año, lo que permite hacer frente a episodios de lluvias intensas como las que trajo la borrasca Elsa. Ese volumen libre sirve para que los embalses retengan agua y minimicen los caudales circulantes por los ríos durante los periodos de crecida para posteriormente desembalsar y volver a dejar ese volumen libre para futuros episodios.

«Este es el funcionamiento habitual y normal cuando los embalses tienen que laminar los caudales de crecidas debidas a las precipitaciones de lluvia y nieve. Por tanto, no se puede considerar como un desperdicio de agua«, explican desde la Confederación Hidrográfica del Duero. Los resguardos se van reduciendo gradualmente hasta la época en que comienza el consumo más importante de agua, que habitualmente es el riego, y que comienza entre abril y mayo.

Por otro lado, la idea de que el agua vertida para vaciar un embalse va a parar al mar sin ningún beneficio, no es cierta. «Las avenidas son necesarias, mandan sedimentos y nutrientes al litoral indispensables para la vida piscícola. Y mantienen las playas, que también dan dinero», explicaba Santiago Martín Barajas, ingeniero agrónomo y responsable de aguas de Ecologistas en Acción, a este diario en otro artículo

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